Alianza con cuba rompe esquemas de poder regional

 

 

J. Rigoberto Lorence

La presencia y participación del presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, en los actos conmemorativos de nuestra gesta de Independencia es la cristalización de una alianza entre los dos países, la cual rompe con todos los esquemas del poder regional en América Latina conocidos hasta este momento.

 

En principio, tal presencia significa la continuidad y el reforzamiento de los lazos históricos de hermandad entre ambos países, los cuales nunca se rompieron a pesar de que los gobiernos neoliberales de México (1988-2018) no tenían como prioridad la relación con los hermanos países de América Latina, sino con la gran potencia del norte, la cual les servía de inspiración ideológica y guía para su política de privatizaciones, establecida originalmente en el Consenso de Washington desde 1989, la cual trajo la mayor desigualdad y explotación de  la región por las empresas extranjeras, principalmente de USA.

 

Al llegar al poder un nuevo movimiento social en 2018 y ser desplazados los neoliberales, la mirada diplomática de México hoy se concentra esencialmente en las relaciones con el resto de América Latina y las naciones empobrecidas de habla inglesa, francesa y neerlandesa. La diplomacia mexicana ha lanzado una nueva doctrina, que se basa en las mejores tradiciones del país, pero a la cual se ha infundido nueva e intensa movilidad, iniciativa y energía como nunca antes se había visto.

 

La alianza con Cuba –y con los países miembros de la CELAC—se basa no solo en los lazos fraternos entre nuestros pueblos, sino en el análisis y el cálculo geopolítico realizado por personal muy calificado del gobierno mexicano, que ha llegado a varias conclusiones, entre ellas que USA ya no es dueño de un poder único y avasallador en el entorno mundial; que la presencia militar de Rusia y la pujanza económica de China en el tablero geopolítico mundial han generado un mundo tripolar, y se ha hecho posible negociar nuevos términos en nuestra relación con la potencia norteamericana, y que es momento de luchar con determinación por un trato más respetuoso entre nuestras naciones y el antiguo Coloso del Norte.

 

En otras palabras: es momento de que América Latina establezca relaciones más igualitarias –o de menor dependencia relativa— con USA, y procedamos a implementar nuevas políticas que exijan y consigan el respeto de la gran potencia hacia el bloque formado por nuestros países, bajo riesgo de que –si USA no accede—las alianzas militares de algunos países con Rusia (como ejemplo Cuba y Venezuela) y económicas con China, rebasen a la economía y el poder militar norteamericano, y se establezca un juego de poderes mucho más riesgoso para la propia potencia anglosajona.

 

Si USA no ha agredido militarmente en este siglo a Cuba ni a Venezuela, y tan solo se ha circunscrito a establecer un riguroso bloqueo económico, se debe a que ambos países son aliados militares de Rusia. Ambos usan armamento, aviones y equipos militares rusos, y mantienen con la potencia eslava tratados de asistencia recíproca. Hoy el criterio dominante en círculos del Pentágono consiste esencialmente en evitar una guerra con China o con Rusia, y más aún contra ambas potencias juntas.

 

Por lo demás, la economía de China crece a un ritmo superior a la de USA, y en muchos aspectos la supera. La política china de expansión comercial –básicamente a través de los programas de la Ruta de la Seda—ha generado que en muchos países europeos el capital chino haya desplazado al norteamericano, y que en África y otras regiones, las inversiones de USA y de las potencias coloniales hayan sido relegadas por las del país asiático, ya que éstas no imponen condiciones políticas ni exigencias financieras, como siempre han establecido las inversiones de los trusts financieros o de los organismos multilaterales controlados por los norteamericanos.

 

Por otro lado, la crisis de la política de dominación de Estados Unidos en América Latina es evidente: hay varios países que se han desvinculado en fecha reciente de la política exterior de USA, entre los cuales destacan México, Perú, Bolivia y Argentina, además de las tradicionales posturas de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Colombia es un volcán en plena erupción; Chile se encuentra en un proceso que lo ha dotado de una nueva Constitución y en fecha próxima de un gobierno alejado del pinochetismo. En Brasil hay un gobernante de extrema derecha que solo pudo llegar al poder por las trampas del sistema contra Lula Da Silva, y que lo perderá cuando el exlíder obrero reciba de nuevo apoyo electoral de su Partido de los Trabajadores (PT).

 

En tales condiciones, un liderazgo regional fuerte como el que representa Andrés Manuel López Obrador, presidente protémpore de la CELAC, es una oportunidad tanto para Latinoamérica como para los propios norteamericanos. En principio, ese liderazgo regional puede moderar o encauzar los estallidos sociales que se pudieran presentar en la región, ya que significa la posibilidad de un puente de diálogo con los diversos gobiernos y movimientos democráticos. Si se mira en perspectiva, la presencia de AMLO al frente de un bloque regional puede significar el establecimiento de lazos de comunicación y diálogo con países que no tienen manera de establecer conexiones de respeto mutuo con el Departamento de Estado y con el conjunto del gobierno de la gran potencia del norte.

 

Una solución diferente sería un riesgo para la política exterior de USA y para todo el Continente. ¿Qué pasaría si en Colombia se incrementa la rebelión popular, se hace un llamado a elecciones y gana Gustavo Petro, el candidato democrático? ¿Qué sucedería si en Chile triunfara un gobierno radical de izquierda? ¿O si en Perú se llega a consolidar el gobierno de Pedro Castillo y aplica una política de expropiación de empresas extranjeras, o de reclamos territoriales hacia sus rivales históricos?

 

No se trata de adivinar ni de especular respecto al panorama de la política exterior de la región. Se trata de hacer análisis reales y concretos. Porque América Latina es un enjambre de problemas entre los países, y de la región en su conjunto con la gran potencia norteamericana. Ya es obsoleta la política de las cañoneras, y se vuelve cada día más insostenible la política de las sanciones.

 

Cuando la potencia norteamericana estaba en plena expansión, el Mar Caribe se había convertido en un lago interior de USA, por donde navegaban a placer los cruceros y buques de combate de su armada. Ese espacio se había convertido en el Siglo XIX lo que el Mar Mediterráneo había significado durante varios siglos AC para el Imperio Romano: el Mare Nostrum. Hoy ese manejo exclusivo no existe más: Cuba y Venezuela están ubicadas en el Caribe –la región más golpeada históricamente por la política del Gran Garrote de USA—y ambas mantienen alianzas con Rusia. Ya no tienen vigencia política los Somozas que se presten a administrar sus fincas bananeras y reprimir a sus pueblos. Los últimos vestigios (los Iván Duque) enfrentan hoy la cólera de sus pueblos.

 

Como necesidad histórica hoy se plantea el cambio de las relaciones entre el polo dominante de la metrópoli imperial y los países atrasados de la región. O se da una solución democrática y consensuada, o a nivel regional se corre el riesgo de nuevas confrontaciones. Está sucediendo un proceso histórico similar al que dio origen a la independencia de los países latinoamericanos respecto a España, a fines del siglo XVIII y principios del XIX. La metrópoli imperial se debilitó, al tiempo que nuestros pueblos acumulaban fuerzas con rumbo a su independencia de una metrópoli decadente, agotada e incapaz de resolver los problemas que se acumulaban en estos países.

 

La solución pacífica y negociada de los conflictos está hoy en manos latinoamericanas. Por el contrario, una solución bélica estaría en manos de los jefes militares chinos, rusos y norteamericanos. Por necesidad de supervivencia como naciones, los pueblos de la región debemos agruparnos y negociar salidas democráticas al conflicto. El gran proyecto de Simón Bolívar se puede cumplir en esta época, cerca de 200 años después de su muerte.

 

 

Sobre Rigoberto Lorence 91 artículos
Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la UNAM. Militante de las organizaciones democráticas y revolucionarias de México desde hace unos 40 años. Ha impartido cursos de reportaje, redacción y otras áreas dentro del periodismo.

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