Entre la visión presidencial y la nuestra

 

 

 

 

Sábete Sancho,

que no es un hombre más que otro si no hace más que otro.

Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto

ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas;

porque no es posible que el mal ni el bien sean durables,

y de aquí se sigue que,

habiendo durado mucho el mal, el bien ya está cerca.

“Miguel de Cervantes Saavedra”.

 

 

Eduardo Maigre de la Peña

 

En relación al asunto de la pandemia por el coronavirus COVID-19 que nos afecta, se ha abierto paso a la mal llamada “nueva normalidad” a partir del 1 de junio, dando luz verde a la apertura de algunos comercios, industrias y servicios, que fueron considerados como prioritarios -obvia y principalmente-, bajo la óptica económica.

             

¡Qué bueno!, aunque claro, no importa que aun permanezca el país bajo una señalización roja en el citado semáforo sanitario (que significa que la ocupación hospitalaria es mayor al 65% a nivel nacional o de que existe un registro de dos semanas de incremento en los casos. Esto obligará a mantener activas, solamente las labores esenciales, además de la vigencia de las medidas sanitarias y de distanciamiento social) de la contingencia, lo que indica alta posibilidad de contagio.

             

Esto hace que sobreentendamos, por supuesto y con un gran contrasentido, que con anterioridad estábamos en una “¿normalidad?”.

             

El semáforo en rojo, en todo el país repetimos, indica que estamos todos en un gran riesgo de contagio, es decir, en una situación epidemiológica catastrófica. Pero no olvidamos las palabras de nuestro presidente al inicio de la epidemia: Tenemos que atender el asunto, pero no exagerar, prevenir; estamos preparados.

             

Nada, ya algunos de nosotros se desharán del encierro, parcial y obligadamente, pero aun con cubrebocas; aunque nuestro presidente no haga caso a lo indicado por los especialistas en salud, diciendo que él, no lo puede hacer porque, imagínense, si yo vengo aquí como lo sugieren algunos, con un tapabocas.

             

Tendremos también que guardar la distancia interpersonal mínima de 1.5 m. para con nuestros congéneres, en contra también de la fórmula presidencial que reza: Miren, lo del coronavirus, eso de que no se puede uno abrazar… ¡hay que abrazarse, no pasa nada!

             

Aún, muchos de nosotros no podremos visitar a la familia y amigos, ni tener reuniones de más de 12 personas. Tendremos que seguir, por nuestra salud y de nuestros congéneres con el encierro voluntario, a pesar de la particular opinión de nuestro primer mandatario: Yo soy partidario, pero no es mi opinión lo que determina el comportamiento que debemos de seguir: son las recomendaciones de los especialistas. En lo personal yo si he dado la opinión en las reuniones que lo de los parques se tome en consideración, que la gente salga y que, con la distancia correspondiente, que puedan salir, porque también es necesario eso, hace falta, no se puede tanto encierro.

             

Los estudiantes no reanudarán clases quizás hasta agosto venidero; mientras tanto, habrán de seguir preparándose por vía remota (internet), aunque centenas de miles de estudiantes no tengan acceso a la red, pero, como también lo dijo la cabeza del ejecutivo: Serenos, tranquilos, tenemos la capacidad para enfrentar esta situación; tranquilidad, optimismo y amuletos.

             

Si hace unos 10 años, en un reporte global de competitividad se menciona que, en una evaluación entre 144 naciones donde México ocupaba el lugar 100 en calidad educativa; ahora, con la epidemia y el golpe asestado a la reforma educativa, probablemente ahora estaríamos en el lugar 140.

             

Según el INEGI, la población económicamente activa (PEA) del país, en marzo de este año era de 57 millones de personas y, para abril, esta cifra cayó a 47 millones de personas. Esto quiere decir que ¡12 millones de personas en tan sólo un mes están sin trabajo! Pero no se desanimen, nuevamente interviene el presidente: Hay quienes quisieran que nos fuese mal. Los conservadores me echarían la culpa también del coronavirus.

             

Entre 38 analistas económicos, el promedio del pronóstico es una caída de 14.1% del Producto Interno Bruto (PIB) para el segundo trimestre de 2020 en México, pero las respuestas fluctúan entre 5.27% y 33.0%. Y la realidad es que cualquiera de esos pronósticos puede ser justificado como factible. Pero, no hay que preocuparse, dice nuevamente el primer mandatario …por eso vamos a salir fortalecidos, o sea, que nos vino esto como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación de México.

             

Al 7 de junio 2020, nuestro sistema de salud está saturado y al borde del colapso. Se reportan 19,629 casos confirmados activos, 117,103 confirmados acumulados, 45,317 personas sospechosas acumuladas y 13,699 defunciones; los hospitales están al 80% de su capacidad en la Ciudad de México, 79% en el Estado de México y 64% en el Estado de Guerrero; más de 20 mil médicos, enfermas y personal hospitalario han contraído el virus SARS-CoV-2, y 10 mil más tienen síntomas, de acuerdo con la información presentada por la Secretaría de Salud, lo que constituye un sombrío recordatorio de que la enfermedad está fuera de control.

             

Ya no hablemos de la falta de los insumos necesarios requeridos para cumplir con su misión, ni de las múltiples y constantes manifestaciones del personal de salud, por falta de los mismos en distintos hospitales a lo largo y ancho del territorio nacional.

             

Debemos continuar afrontando la pérdida de libertad y la rutina; el aislamiento social; las ideas catastrofistas que nos pueden generar ciertas ideas equívocas sobre el tema, tanto en la prensa como en las diversas plataformas digitales; el miedo, la intranquilidad, la irritabilidad, el mal descanso, la soledad, la depresión y desasosiego frente a un presente tan avasallador, como ante un futuro que se vislumbra incierto y muy difícil.

             

Al ingresar el “desconfinamiento” anunciado ahora, será necesario asegurar el regreso al trabajo en condiciones adecuadas, particularmente, de la población joven para minimizar, en lo posible, la instauración de una generación de confinamiento, ya que las empresas, ante la crisis económica seguramente no abrirán nuevas fuentes de trabajo, ni re contratarán a sus ex empleados; además, es posible que reestructuren sus puesto de trabajo con nuevas labores que subsanen las pérdidas previas y se reduzcan también los sueldos y salarios.

             

Para el turismo en México, una de nuestras principales fuentes de ingreso, si se cancelan del 50% de los viajes domésticos y el 80% de los que tienen como destino a México, la afectación sería de 172.9 mil millones de pesos; si se cancela el 75% de los viajes domésticos y el 80% de los que tienen destino a México, la reducción del consumo turístico interior y receptivo sería de 239.2 mil millones de pesos; y el peor escenario, es decir, una reducción de 240 mil millones de pesos en consumo turístico interior y receptivo, 47 veces el presupuesto del Sector Turismo federal y 25% mayor al costo de la refinería Dos Bocas.

             

De la producción total de mezcal, el 63.17% se va para exportación con un valor de 5,433 millones de pesos y el resto, 36.82%, para el consumo nacional con un valor de 5,433 mdp. Hoy, las exportaciones de mezcal se desplomaron un 80% (4,346 millones de pesos) por pandemia de coronavirus. Vaya, es posible entonces que tengamos mañana un precio mas bajo en esta bebida alcohólica (por la sobreoferta), para deleite y solaz de muchos mexicanos. ¿Será?

             

Debido a la caída en la economía en Estados Unidos de América por la pandemia y el incremento de deportaciones de mexicanos, hará que los envíos (remesas) sean mayores? 

 

 

 

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