Mal momento pero buen gobierno

 

 

Gerardo Fernández Casanova

Se cumplieron dos años del arrollador triunfo electoral de la coalición Juntos Haremos Historia, encabezada por Andrés Manuel López Obrador. Es el hecho histórico de mayor relevancia de los  últimos cien años, para bien o para mal, según el criterio de cada quien. Dos tercios de la población, dentro de los que me incluyo, lo consideramos para bien y apoyamos al Presidente y al proyecto de transformación que conduce, según encuestas razonablemente serias de la prensa que, por cierto, no es afín a la figura del Presidente. Lo cual le otorga grado de verosimilitud.

 

El hecho fue conmemorado en coincidencia con la presentación del VI Informe Trimestral de Gobierno –ejercicio democrático instaurado por López Obrador, sin tener carácter obligatorio- con la austeridad y la sobriedad característica del personaje central, en el antiguo recinto de la Cámara de Diputados ubicado en el Palacio Nacional, que hoy forma parte del museo del sitio, teniendo como único testigo presencial al gabinete de gobierno, ante las condiciones impuestas por la precaución sanitaria, tan desafortunada.

 

Desafortunada es, en efecto, la circunstancia en la que nos coloca la pandemia del Covit 19 y la secuela desastrosa del freno a la economía nacional y personal, debidamente calificadas ambas como catastróficas. Son tales circunstancias y las respuestas institucionales, las que llevan a la mayoría de la población a ponderar a un buen gobierno. Somos muchos los que enjugamos el sudor de la frente ante la suposición de lo que implicarían en caso de que no se hubiese registrado la hazaña del 2 de julio de 2018; con toda certeza estaríamos en el peor de los infiernos dantescos.

 

La pandemia ha sido procesada con gran eficacia técnica sanitaria y con enorme sabiduría política, ésta caracterizada por el estricto apego a las determinaciones del equipo de expertos epidemiológicos y por su ejercicio en absoluta libertad y respeto a los derechos humanos. La opción consistió en una fórmula de llamado a la confinación, acompañada de un vigoroso esfuerzo de información veraz; desde febrero se presenta un informe diario del comportamiento de la enfermedad, indicando a la población las recomendaciones pertinentes y dando respuesta puntual a los cuestionamientos de la sociedad, sin importar si son de buena o mala fe. En paralelo se aplicó un denodado esfuerzo de reconversión y construcción hospitalaria para atender a la demanda de servicios de salud derivada de la pandemia. Por la primera de las medidas se logró  la contención de la velocidad de expansión de los contagios, con lo que se acompasó con la súbita expansión del número de camas y equipos para su atención. Salvo un breve caso de saturación registrado en Acapulco, en todo el país hay un margen suficiente de seguridad (30% en el peor de los casos). No ha habido una sola defunción por falta de cupo hospitalario, de disponibilidad de respiradores o de personal de salud, de los cuales se hizo la contratación de más de 40.000 médicos y enfermeras. Son muy pocos los países que han logrado esto; Nueva York es un lamentable ejemplo de lo contrario.

 

En lo económico, el siniestro ha sido descomunal, cuyo único beneficio es que ha dado lugar a la total muerte del modelo neoliberal en todo el mundo. El severo impacto ha llevado a la humanidad a comprender, a punta de descalabros, que ya no puede seguir alimentando un régimen de acumulación de la riqueza en pocas manos, mientras la gran mayoría carece hasta de lo indispensable. Especial énfasis se registra en términos de la cultura alimentaria, cuya degeneración utilitarista ha derivado en obesidad, diabetes e hipertensión, tanto o más graves que el propio coronavirus. El reclamo generalizado es por lograr una economía que se centre en el ser humano antes que nada.

 

El régimen de la 4T desde siempre ha postulado esta concepción de la economía y la crisis le viene como anillo al dedo para implantarla. La definición fundamental radica en el cambio radical de las acciones anticrisis: en vez de rescatar bancos y empresas como siempre fue (FOBAPROA por ejemplo) ahora se trata de rescatar la economía del común de la gente, volcando recursos sin precedente a entregar dinero efectivo a la población vulnerable (más de treinta mil millones de dólares) así como proporcionar créditos a la palabra a pequeños productores o prestadores de servicios.

 

El momento es terrible pero tenemos un buen gobierno. Vale.

 

 

gerdez777@gmail.com

 

 

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*