POLÍTICA Y GOBIERNO EN EL PROYECTO 18

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Gerardo Fernández Casanova

El año que comienza se presenta cargado de expectativas afortunadas y de nubarrones de tormentas de extrema gravedad. Mi mayor deseo para todos es que prevalezcan las buenas expectativas y se abra un nuevo camino de progreso y bienestar. Que así sea.

 

El Proyecto 18, no obstante su pragmatismo, ofrece la oportunidad para que MORENA y Andrés Manuel López Obrador ganen la elección presidencial y una sólida representación parlamentaria. Más allá de las contradicciones, propias del afán de ganar la elección, la oportunidad consiste en la creación de un modelo diferente de país que, entre otras cosas, pueda ayudar a dinamizar la movilización social incluyente que, a su vez, contribuya eficazmente a la transformación de la realidad.

 

En su capítulo de Política y Gobierno el proyecto parte de una premisa de gran importancia: “La primera tarea del cambio es recuperar democráticamente al Estado y convertirlo en el promotor del desarrollo político, económico y social del país. El Estado no debe diluirse o subordinarse a las fuerzas del mercado”. Antecede a esta declaración la afirmación de que el Estado está secuestrado por una minoría y que vivimos una república aparente y falsa al servicio de un grupo. Si, como dice López Obrador, lo que cuenta es la voluntad política del gobernante y si responde a esta prioridad, el camino será transitable, no sin el acompañamiento crítico del pueblo.

 

El capítulo incluye el combate a la corrupción, las fórmulas para la transparencia y la rendición de cuentas, el adelgazamiento y modernización del gobierno y su apertura, con una pauta de buenas intenciones pero con serias omisiones. Una de importancia medular es la que se refiere a la representatividad, cuando todas las encuestas coinciden en destacar que la gente no se siente representada en ninguna de las instancias e instituciones de gobierno, lo cual obliga a una definición del proyecto para subsanarla, atendiendo a la necesaria corrección de la legislación electoral y de estructura de gobierno. El tema no se puede soslayar ni posponer; el riesgo mayúsculo es que se pasen seis años de una alternativa más o menos democrática pero ineficaz para la transformación. Entiendo que en esta materia tendrá que esperarse a conocer cómo resulte la composición de las fuerzas políticas después de la elección y que no sea prudente anticipar las vísperas, aunque bien valdría su simple enunciación.

 

El proyecto tampoco aborda la indispensable reforma del Estado, salvo en cuestiones que resultan secundarias como el llamado Gobierno Abierto, pero que no bastan para hacer efectivo el pronunciamiento inicial. Las instituciones, principalmente la propia Constitución, llevan cuarenta años adecuándose al modelo de sometimiento del Estado a las fuerzas del mercado, con rígidos candados que dificultan la recuperación de su función primordial, contra lo que no es suficiente la voluntad política del gobernante. También habrá que esperar al resultado electoral para determinar la viabilidad de emprender una reforma de fondo.

 

El proyecto hace hincapié en la participación ciudadana aunque queda lejos de manifestarse como un proyecto de democracia participativa. Más parece un diseño para la llamada “sociedad civil” que para el pueblo organizado; incluso en el capítulo relativo al trabajo se omite una declaración relativa a la necesaria revitalización de un sindicalismo libre y democrático que, en cualquier caso, sería un instrumento eficaz de participación popular democrática; lo mismo sucede con el tema del campo en el que soslaya la necesaria organización de los productores para la promoción y la defensa de sus intereses legítimos. El riesgo es un gobierno abierto a la participación de cámaras empresariales, colegios profesionales y organismos no gubernamentales de estilo Wallace y similares. Cuidado.

 

Las reflexiones que aquí he venido expresando y la invitación para que sean materia de debate en la elaboración del proyecto de nación, desde luego no sirven para aplaudir al candidato de mi preferencia, López Obrador; son críticas y pretenden aportar a la discusión, democrática e interesada, para el perfeccionamiento del documento que sirve de base para convocarnos a la gran batalla electoral, contando con mejores instrumentos de convencimiento a la mayoría del electorado. Ojalá así se entienda y pueda ser de utilidad.

 

gerdez777@gmail.com

 

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