¿Por qué no creo en el pronóstico de inflación de Banco de México?

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Por Iván Ureña

 

Banxico pronostica que para el año 2017 habrá una inflación de 3 por ciento con un rango de más o menos uno por ciento. Según ese organismo, como máximo, el incremento en precios llegará a 4 por ciento, pero existen muchos elementos que sugieren que esas proyecciones  son incorrectas.

 

1.- Con el incremento de las gasolinas: la Magna en 14.2 por ciento, la Premium en 20.1 por ciento y el Diésel en 16.5 por ciento, habrá un efecto en los precios —considerando los ponderadores que el INEGI le asigna a la gasolina de alto octanaje 0.5163 y 3.5815 a la de bajo octanaje— en la primera quincena de enero del 2017 de 63 puntos base o de 0.63 por ciento.

 

Por el contrario, en la primera quincena del 2016 los precios únicamente crecieron 0.03, y al final la tasa de inflación anual fue de 3.36 por ciento. De tal manera que si en el resto del 2017 experimentamos una inflación idéntica a la del 2016, situación que pocos esperan, el incremento en precios alcanzará 3.96 por ciento, número que roza el margen superior de Banxico de 4 por ciento: considerando únicamente los efectos de primer orden del gasolinazo.

 

2.- Existen infinidad de efectos que en la economía se llaman de segundo orden.

El precio de los combustibles tiene un efecto multiplicador en muchos sectores. Sencillamente para determinar el costo de transportarse es innegable que la gasolina juega un rol fundamental y de ahí en prácticamente toda la cadena productiva y de consumo. Como la masa, la tortilla y una lista interminable.

 

Así, ese efecto de segundo orden sin duda tendrá un efecto inflacionario en toda la cadena productiva y por tanto en los precios finales al consumidor.

 

3.- En 2016, el Índice Nacional de Precios al Productor registró una inflación anual de 8.51 por ciento, más del doble de los precios al consumidor.

 

Esto implica que los productores han estado absorbiendo parte de la inflación, a costa de sus utilidades. En el mejor de los casos, hubo una inflación que los productores absorbieron parcialmente, por esta ocasión, pero eso no puede ser eterno y en el futuro cualquier incremento, como el de los combustibles, sí lo trasladarán a los consumidores.

 

Y en el peor de los casos existe, una inflación reprimida que los productores en la primera oportunidad buscarán manifestar en los consumidores. Es decir, el gasolinazo será el motivo ideal, no sólo para reflejar el incremento en los combustibles sino lo que en los meses o años pasados no quisieron o no pudieron reflejar.

 

La realidad, es de esperar una mezcla de los dos comportamientos; algunos productores  reflejarán en el consumidor sólo el incremento que experimente en su estructura de costos, producto del gasolinazo, mientras que otros, trasladarán tanto el gasolinazo como el rezago que traían de más de 5 por ciento.

 

4.- La devaluación y su efecto en los precios al consumidor.

En los dos últimos años el peso se ha devaluado en 40 por ciento; mientras que la inflación acumulada al consumidor fue de 5.60 por ciento.  Así,  hay una diferencia entre devaluación e inflación de 34.40 puntos porcentuales. Dicho en términos coloquiales, hasta ahora el efecto devaluatorio, conocido en la jerga como Pass thru, no se ha dejado sentir en la inflación interna, entre otras razones porque los choques en el tipo de cambio no habían sido percibidos como permanentes, pero ahora pocos creen que el Dólar bajará de 20 pesos y por el contrario, más bien muchos opinan que podría llegar arriba de los 22 pesos.

 

Es decir, el efecto devaluatorio se empezará a sentir a plenitud y aún los más ortodoxos, reconocen que si bien no todo el efecto se refleja en los precios al consumidor, aceptan que inevitablemente una parte de la depreciación se termina reflejando en la inflación al consumidor.

 

 5.- Economía conductual.

Una rama que se ha puesto de moda recientemente es la economía conductual, que en esencia dice que las personas toman decisiones en función de lo que piensan y en el caso del gasolinazo, es innegable que tuvo un efecto en la percepción, lo que desencadenará una especie de pronóstico autocumplido.  Los agentes económicos creen que habrá más inflación y actúan en consecuencia: suben y aceptan incrementos en los precios.

 

En conclusión, si consideramos únicamente el impacto del gasolinazo, la inflación para el 2017 se ubicaría en la banda superior del 4 por ciento, pero si añadimos los efectos en cascada que habrá en casi todos los productos, los incrementos en precios que no han transmitido los productores, el desliz cambiario y la creencia muy popular que habrá un repunte en los precios, es más lógico pensar que la inflación estará arriba del 5 por ciento. Muchos pensarán que es aventurado discrepar abiertamente con Banxico, pero… al tiempo.

 

Esperemos que Banxico, en pos de lograr su meta, no vaya a subir demasiado la tasa de interés que ya está en 5.75 por ciento, o restringir en exceso la liquidez monetaria, porque corremos un riego peor que la inflación superior al 5 por ciento: no crecer.

 

ivanure@hotmail.com

 

Escrito por Iván Ureña

Iván Ureña

Premio Nacional de Periodismo 2017. Premio Estatal de Periodismo Morelos 2012, empresario y maestro en Economía por el ITAM. Asesor en deuda pública, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, del año 1997 al 2001.

About the author

Iván Ureña

Premio Nacional de Periodismo 2017. Premio Estatal de Periodismo Morelos 2012, empresario y maestro en Economía por el ITAM. Asesor en deuda pública, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, del año 1997 al 2001.

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