Razones de una victoria

 

 

J. Rigoberto Lorence

Muchas de las decisiones políticas que se están tomando en USA afectan al mundo. Por eso, todos los países han seguido con atención lo que está pasando durante las elecciones que tienen lugar en ese país.

 

La victoria de Joe Biden ha generado muchas reflexiones en torno a la política de USA, el significado de la misma en la vida cotidiana de las personas, el futuro de México, la suerte de los cubanos, y desde luego el futuro inmediato de los migrantes mexicanos, acosados al extremo por el racismo imperante.

 

Hay dos promesas de campaña de Biden que tienen importancia vital: salvar el acuerdo de París contra el cambio climático y generar las condiciones legales y políticas para que unos 11 millones de migrantes en su mayoría mexicanos puedan regularizar su situación, salir a la calle sin ser perseguidos y conseguir sus “papeles”, básicamente la residencia y aún de ciudadanía.

 

La victoria de Biden es el triunfo de las minorías, tanto del llamado voto latino como de los afroamericanos que generaron las condiciones sociales para que ocurriera, a través del movimiento Black Lives Matter. Millones de migrantes de origen mexicano y afro fueron a votar contra Trump y su política cavernaria, que apoya a los grupos racistas y al KKK, a los llamados WASP del sur profundo (White anglo-saxon protestant. Blancos anglosajones protestantes) que imponen con violencia la supremacía blanca en las áreas rurales de ese país.

 

En algunos sectores de México hay mucha simpatía por Biden y su compañera candidata a la vicepresidencia Kamala Harris, porque se considera que van a aplicar una política menos racista –el racismo es fundacional en USA—como por la abolición de la arbitraria política de obligar a que los solicitantes de asilo procedentes de América central, esperen en nuestro país la resolución de un juez estadunidense que examina cada solicitud.

 

La simpatía de los mexicanos significa un claro rechazo al trumpismo y en favor de la esperanza de una vida mejor, que abarca desde la lucha en serio contra la pandemia y la recuperación de millones de empleos; respeto a los derechos de las minorías, alejamiento de los métodos de gobierno a base de tuitazos y ocurrencias, muy al estilo del empresario extravagante que pudo llegar a la Presidencia de ese país solo porque su sistema electoral es profundamente arcaico, antidemocrático y contrario a los intereses de las mayorías ciudadanas.

 

En los últimos momentos del recuento, Donald Trump intentó apelar a las masas de sus seguidores para ejercer presión contra los órganos del conteo de sufragios, basado en la peregrina idea de que los votos por correo no eran legítimos. Cuando abordaba el tema el 6 de noviembre, las cadenas de TV de ese país interrumpieron su alocución y hablaron contra las Fake News que el magnate estaba profiriendo en público.

 

El debate que se ha iniciado a raíz de este hecho gira en torno a la libertad de expresión e involucra conceptos de fondo. No solo si las cadenas de televisión pueden erigirse como autoridades electorales con poderes de censura, sino de bloquear el contenido del propio discurso presidencial, que apelaba a las manifestaciones violentas de sus seguidores para reventar el conteo en los estados donde iba perdiendo.

 

(Los llamados de Trump tenían como objetivo incitar a ejercer la violencia callejera porque el magnate descalificaba todo el sistema electoral; un procedimiento que, a fin de cuentas, lo hizo presidente de USA en 2016, a pesar de haber sido derrotado por Hillary Clinton por más de 3 millones de votos populares).

 

En ese momento se puso en evidencia la ruptura abierta de la clase dominante respecto a la política del magnate. El 6 de noviembre lo dejaron solo, al darse cuenta del suicidio colectivo al que los conducía su discurso, agudizando aún más el ambiente de tensión y de choques políticos y raciales, en circunstancias donde existen y actúan milicias armadas de derecha y de izquierda, que con tales arengas entrarían en la pelea por el control de las calles y los edificios públicos.

 

En materia de política exterior, hay muchos temas por definir. Veamos:

  • Es posible que la política de Biden hacia Cuba retome los avances que tenía al momento en que Trump desalojó a Barack Obama de la presidencia. Por lo menos, que se relajen las medidas de bloqueo y se permitan los intercambios comerciales entre USA y la más grande de las Antillas.

  • También es de esperar que Biden deje de apoyar al clown de internet en que se ha convertido Juan Guaidó en Venezuela. Esta política no solo ha sido inútil en el intento de derrocar al gobierno bolivariano, sino que ha sido base de muchas corruptelas de la “oposición” de probeta en ese país.

  • Respecto a la OEA, queda claro que Luis Almagro –secretario general—vive sus últimos meses al frente de ese organismo, y que el Grupo de Lima (cancilleres de derecha en América del Sur) deba desintegrarse, ante los fracasos y vergüenzas que tuvo tanto en Venezuela como en Bolivia.

  • Es muy probable que USA vuelva a establecer relaciones con la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la que Trump retiró a ese país, por considerar que el organismo internacional tiene mucho apego a China. Los fondos que en esta nueva etapa aporte USA al organismo revitalizarán sin duda la batalla contra la pandemia.

  • En Europa, es previsible que Biden retome el Acuerdo de París para hacer frente al cambio climático, roto por Trump durante el auge del capitalismo salvaje al interior de las fronteras de USA, mediante el empleo masivo de combustibles fósiles.

  • En el Medio Oriente, es probable que se reanuden las negociaciones del Tratado de París, que establece las condiciones políticas para la desnuclearización de Irán, desmanteladas por Trump para dar rienda suelta a la política agresiva contra ese país, que incluyó el asesinato a mansalva del general Hussein Soleimani, líder político y militar persa de gran prestigio en toda esa región.

  • Es probable también que se haga un replanteamiento de la política hacia China, y renuncie a la línea de desconocer el principio básico de los acuerdos entre ambas naciones: “China es una”, y por lo mismo Biden renuncie a la política aventurera de USA respecto a Taiwán, al que Trump le quiere vender armas norteamericanas fabricadas con tecnología de última generación.

  • Un cambio en esta política podría generar al corto plazo, la disminución de las tensiones entre ambos países en torno al desarrollo tecnológico, que Trump ha querido detener a base de sanciones contra empresas chinas, en especial contra Huawei, gigante chino de las comunicaciones a la que USA ha pretendido satanizar.

 

Todo esto puede parecer pura especulación, pero tiene bases, tanto en los antecedentes de la política de Obama –de quien Biden fue vicepresidente—y de la llegada de una nueva generación de jóvenes dirigentes políticos, en especial de Kamala Harris, abanderada de varias causas progresistas en USA.

 

Joe Biden es centrista, y por lo tanto es posible que durante su mandato se aleje de soluciones progresistas. Pero a su lado tiene a Kamala Harris, hija de inmigrantes (su padre jamaiquino, su madre de la India) y además durante la construcción de su candidatura Biden tuvo que adquirir compromisos con la izquierda del Partido Demócrata, en especial con el proyecto de Bernie Sanders, que plantea reducir el papel del gran capital financiero, y aplicar varias políticas de enorme proyección social.

 

Un ejemplo: reducir la deuda de los egresados de las Universidades de USA. En ese país la educación superior es muy cara. Los estudiantes reciben créditos que, al graduarse, deben pagar. Esa política limita el desarrollo de todas las potencialidades de ese sector.

 

Por otro lado, prácticamente no hay medicina pública en USA. Todo se compra y se vende. El Obamacare es un sistema que pretende hacer más fácil a los ciudadanos de a pie el acceso a la medicina moderna. Sin duda es otra deuda pendiente.

 

 

Sobre Rigoberto Lorence 84 artículos
Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la UNAM. Militante de las organizaciones democráticas y revolucionarias de México desde hace unos 40 años. Ha impartido cursos de reportaje, redacción y otras áreas dentro del periodismo.

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