Orlando Plá
Un vistazo a estadísticas globales puede ilustrarnos acerca de cómo se está moviendo el conocimiento en el mundo y cuáles son las expectativas de su impacto en la economía.
El cuadro siguiente refleja la cantidad de universidades por países entre las 100 primeras del ranking elaborado por Times Higher Education World University para los años 2012, 2018 y 2024. (https://www.hotcourseslatinoamerica.com/study/rankings/the-world-university.html)
Es posible observar una reducción de las universidades pertenecientes a Estados Unidos, que han sido desplazadas por otras de Europa y de Asia.
En el caso de las europeas, países como Alemania, Francia, Holanda y Reino Unido han recuperado lugares que históricamente han tenido en la generación del conocimiento en la era moderna. Sin embargo, resulta notorio que universidades de China, Corea del Sur y Hong Kong se hayan colocado en los primeros lugares, lo cual es compatible con el avance tecnológico que exhiben estos territorios en las últimas décadas. Australia también refleja un crecimiento importante en la calidad de sus universidades.
Indudablemente la posición es un elemento relativo, que expresa tanto el ascenso de unos como el descenso de otros. En el caso de Latinoamérica, ninguna universidad está dentro de las 100 primeras en los periodos revisados correspondientes a este ranking.
En otro ranking presentado por https://www.webometrics.info/es/world, la composición de las 100 primeras universidades para 2024 es:
53. USA
8. UK
6. Australia, Canadá y China
4. Holanda
3. Hong Kong y Suiza
2. Singapur
1. Alemania, Bélgica, Brasil, Corea del Sur, Dinamarca, España, Finlandia, Japón y Noruega.
La diferencia en resultados indica un nivel de subjetividad en la clasificación; sin embargo, se puede observar que en ambos hay una presencia importante de universidades asiáticas y ausencia de universidades latinoamericanas, lo cual nos coloca en desventaja dentro de la competencia internacional.
Aunque las universidades constituyen la élite del conocimiento, la enseñanza básica (incluyendo la media) es la que mayor impacto tiene en el desarrollo de un país, porque es la que permite articular el tejido social y brinda el soporte a la mayoría de los puestos de trabajo. Por ejemplo, la muy mencionada oportunidad del nearshoring, o relocalización de la planta productiva que se presenta actualmente para México, requiere, además de seguridad e infraestructura eficiente, una fuerza laboral con los conocimientos que demandan los nuevos empleos.
Las pruebas PISA, creadas por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE, de la cual México es miembro), son el mejor indicador disponible para evaluar la calidad de la educación básica, y se enfocan a 3 habilidades que son fundamentales para acceder a un empleo razonablemente remunerado dentro del mundo actual: matemáticas, comprensión de lectura y ciencias.
En estas pruebas los asiáticos también se colocan en los primeros lugares y México cada vez se encuentra más distante de éstos.
Todavía es posible analizar un nivel más amplio de la educación, que es el que garantiza el equilibrio y sustentabilidad social, materializado en los valores compartidos, esos que generan una identidad local y nacional, concentrados en elementos como el civismo, la ética, y en general el respeto y sentido común.
Esa base de la educación no aparece en estadísticas (o al menos, no he localizado indicadores que la midan), pero sentimos que está deteriorada si la sociedad no premia adecuadamente a los que construyen y castiga también adecuadamente a los que destruyen. Si los jóvenes tienen como modelos a seguir a individuos que no generan beneficio para la sociedad y menosprecian los resultados y esfuerzo de quienes crean valor para todos, es imposible orientarnos al progreso y cualquier expectativa de bienestar futuro es sólo una falacia.
Está claro que en todos los niveles de la estructura educativa deben intervenir, en diferentes proporciones, la familia, la iniciativa privada y el gobierno, con el objetivo de facilitar al individuo el desarrollo de sus capacidades e intereses; pero esto debe ocurrir dentro de un pacto social en el que queden claros los objetivos, los valores compartidos y el respeto irrestricto de todos al acuerdo común.
El equilibrio social necesita de valores que orienten la conducta, y el desarrollo económico requiere de los conocimientos que permiten aplicar las tecnologías.

Empresario y maestro en economía por El Colegio de México.
Funcionario en Hacienda, Asesor del Centro Interamericano de Administraciones Tributarias. Profesor de FLACSO, ITESM y otros.
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