Anabeli Franco
Tres estudiantes del Cetis 44 de la colonia Alta Vista fueron extorsionados por un policía ligero del municipio de Cuernavaca adscrito al Mando Único, luego de que los condicionara de no llevarlos al sector por ingerir bebidas embriagantes en la vía pública en la colonia Lagunilla, a cambio de que les entregara el dinero del producto de sus ventas de dulces de su escuela, que eran 900 pesos.
Los estudiantes Erick Geovanni, Fredy Ulises, ambos de 17 años, y Antony de 18, fueron despojados de su dinero por el policía de Cuernavaca con clave “tres ligero”, y fueron auxiliados por un profesor de una secundaria del lugar en donde realizaban los jóvenes su servicio social.
De acuerdo a los testigos, los hechos se suscitaron la tarde del viernes de la semana pasada, cuando cuatro policías ligeros (tres hombres y una mujer); es decir, uniformados que patrullan a bordo de motocicletas realizaban recorridos de vigilancia por la colonia Lagunilla, en Cuernavaca, y al pasar por la cancha de usos múltiples, ubicada en la calle Tule se percataron de tres jóvenes que portaban uniforme escolar y estaban cerca de dos envases de vidrio de bebidas embriagantes (dos caguamas), se acercaron a ellos y les pidieron realizarles una revisión de rutina.
Los jóvenes presentaban aliento alcohólico y el policía “ligero tres” les advirtió que estaban faltando el reglamento y los remitirían al sector por beber en vía pública, fue en ese momento en que los estudiantes se asustaron y manifestaron que sus padres los regañarían, por lo que el uniformado les sugirió arreglar el asunto, les pidió que le entregaran todo el dinero que llevaran a cambio de no detenerlos.
Con la preocupación de que fueran regañados, los estudiantes tomaron los 900 pesos que llevaban en sus bolsas del pantalón, dinero que juntaron de unos dulces que vendían al interior de la secundaria de la colonia Lagunilla, en donde realizaban su servicio social.
Una vez hecha la transición, los policías se retiraron y Erick Geovanni, Fredy Ulises y Antony entraron a la secundaria que se encuentra a unos metros de la cancha. Ahí le comentaron lo sucedido al director, quien a su vez mandó traer al maestro Ricardo Iván Arellano Franco para que diera conocimiento al delegado de la colonia.
Sin embargo, antes de que llegara a la delegación, sobre la calle Tule, esquina con calle 28 de Febrero el profesor junto con los tres estudiantes tuvieron a la vista la unidad 1738 de la policía municipal; Arellano Franco les solicitó auxilio ante la situación en la que los jóvenes habían sido víctimas.
El comandante Chaparro, responsable del Sector Tres, quien iba a bordo de la unidad solicitó la presencia de los policías ligeros para que realizar un careo entre las partes.
Al llegar los uniformados, el “ligero tres” se mostró indigno y solicitó a los estudiantes que dicha información la sustentaran ante el departamento jurídico de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), ya que estaban incurriendo en una difamación y condicionó de que antes de hacerlo los ofendidos fueran certificados para demostrar que estaban ingiriendo bebidas embriagantes en la cancha.
Esto ocasionó que uno de los estudiantes soltara el llanto por temor a los regaños de sus padres. Pero tras la insistencia del profesor para que éstos procedieran legalmente por el delito, ninguno de ellos lo quiso hacer, pero mencionaron que interpondrían su queja ante el departamento de asuntos internos de la corporación.
Por su parte, el grupo de policías ligeros manifestaron que generarían una tarjeta informativa para posteriores aclaraciones e inclusive acudirían al Ministerio Público a levantar un acta por el supuesto delito de difamación (delito que ya no se persigue por oficio).
La historia del acto de extorsión se pudo confirmar después de que los policías ligeros se retiraran del sitio, pues estando platicando aún los uniformados de la unidad 1738, el profesor y los ofendidos llegó un joven, quien no quiso identificarse, pero que refirió que efectivamente uno de los policías de las motocicletas tomó el dinero y lo metió a la bolsa de su pantalón, acto que dijo, ya lo había visto en varias ocasiones con diferentes personas, pero no quiso mencionar más, puesto que temía que lo metieran al sector por su largo historial de remisiones por su adicción a los solventes.
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