CHIPOTES EN LA CANCHA

Gerardo Fernández Casanova

Gerardo Fernández Casanova

Un grupo de distinguidos intelectuales y políticos sin partido publicaron en la prensa un interesante documento relativo a las condiciones, en muchos casos prohibitivas, para el registro de candidatos independientes a los diversos cargos de elección popular. El grupo postula que haya un piso parejo para los contendientes, sean propuestos por los partidos con registro o sean independientes a ellos. En un análisis de primera intención el grupo tiene toda la razón, sobre todo a la luz de recientes cambios en legislaciones locales que endurecen los requisitos más allá de los contemplados en la legislación federal. Siempre he opinado que no se le pueden colocar candados al (supuestamente) soberano para expresar su libre decisión en materia electoral; me refiero a requisitos como el de oriundez o residencia, a la reelección de funcionarios  o la postulación independiente. Si el pueblo manda, conforme al principio constitucional, nadie debe coartar su libertad para hacerlo. De ahí que cualquiera puede ejercer su derecho a ser votado tan libre como el de votar. Los dichos candados no hacen más que reducir a la gente a la condición de infantilismo crónico.

 

Ahora bien, asentado lo anterior, opino que tan selecto grupo habría de preocuparse por las razones por las que el tema de las candidaturas independientes provoca tanto revuelo. La razón para quien esto escribe es clara: el régimen de partidos vigente es inoperante; no es  satisfactorio para la necesidad de representación de la gente común y ni lo es para procesar la selección de sus candidatos a los puestos de elección. En tal virtud, más que preocuparse por las candidaturas independientes, habrían de preocuparse por la venalidad del sistema partidario y proveer a su idónea depuración. Es preciso romper el oligopolio de la política, la llamada “partidocracia”; así mismo, el piso no es parejo entre los propios partidos con registro, con ventajas para los mayores.  Se necesita que haya una efectiva competencia que ofrezca al pueblo todas las alternativas políticas posibles.

 

Se requiere realizar una cirugía completa. El sistema está tan parchado que ya no se reconoce la tela original. Un planteamiento integral para reformar el sistema político electoral tendría que arrancar desde un cuestionamiento crucial: la representatividad de los llamados representantes. Todas las encuestas dicen que la gente está totalmente desvinculada de sus representantes, lo que desvirtúa de raíz la democracia representativa que postula la Constitución. Hay que investigar y saber la causa y las características del problema y generar un diagnóstico pertinente. Me atrevo a anticipar, como uno de los principales causales, a la confusión existente. Debe debatirse si la representación es de las personas que residen en un determinado territorio o si es de las personas que comparten o respaldan una determinada plataforma ideológica. Actualmente opera un híbrido de ambas formas, lo que se convierte en una mezcolanza confusa y confundidora: El 60% de los diputados corresponden a una elección por distrito y el 40% a una por preferencia ideológica; sin embargo, en la función legislativa operan todos por preferencia ideológica.

 

La confusión igualmente permea hacia la definición de los partidos políticos. Si la opción fuese la representación territorial, el sistema de partidos tendría que privilegiar a los regionales; en tanto que si es por plataforma ideológica se buscaría que fuesen partidos nacionales. En la actualidad no son ni lo uno ni lo otro: son partidos nacionales para elecciones que son locales (distrito electoral federal) en tanto que la plataforma ideológica queda en el archivo de los documentos básicos de escasa utilidad. Así las cosas la gente nunca va a entender ni a confiar en los partidos y, mucho menos, se va a sentir realmente representada.

 

En lo que toca al ejecutivo sucede algo similar en cuanto a confusión. Las plataformas electorales no se distinguen mayormente. A la gente sólo le queda votar por el que le parezca mejor persona, con todas las marrullerías de la propaganda y la manipulación. El colmo es que nadie vota por los tecnócratas, los que ni siquiera se molestan por presentarse, pero son ellos los que gobiernan.

 

Tomados acuerdos sobre lo principal, lo secundario tendría una mejor base de sustentación; temas como el financiamiento o los requisitos para la formación de nuevos partidos, entre otros podrían encontrar una mejor solución. En materia política la cancha está llena de chipotes. Ya es hora de decidirnos a plancharla.

gerdez777@gmail.com

 

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