Nuevas Reglas
Daniel Martínez Castellanos
Uno de los mayores obstáculos para la política es la corriente de análisis proclive a designar ganadores y perdedores en cada hecho, discusión y negociación en la política. La construcción de consensos se vuelve imposible si se asume una lógica de vencedores y vencidos, particularmente si asumimos que, a diferencia de las elecciones, el arte de la política nunca es una ecuación de suma cero. La apuesta a ganar o ser derrotado, pervierte cualquier diálogo, limita la posibilidad de acuerdos, genera perversión en las negociaciones, produce pírricas “victorias”, y eleva el costo de la democracia en términos de corrupción, ineficiencia, y escasez de resultados.
La proclividad a la narrativa del conflicto de los medios de comunicación, convertidos en influyentísimos electores; junto a la insustancial conciencia política de los grupos y sujetos en el poder, son bien consumidos por un público que, frente a la falta de resultados, asume posiciones vindicativas desde su propia ideología: “Peña Nieto es un idiota”, “López Obrador es un vividor”, “Josefina Vázquez Mota es una niña bien venida a más”, y así, entonces los juicios y las calificaciones a propuestas, obras y acciones, parten de esa plana definición de personajes y de la cercanía afectiva que cada uno de ellos despierta en el auditorio. Esto estaría bien si estuviéramos en campaña…
… Y en Morelos, si creemos a la portada de una revista local con pretensiones internacionales, el gobernador Graco Ramírez, dice que siempre está en campaña (lo que explica mucha de la ineficiencia del gobierno estatal -no sólo el Poder Ejecutivo).
Imagine el lector que los políticos son como personajes de juego de video que tienen un modo carrera (el ideal de juego, con el que pueden fabricar una historia y crear cosas); y un modo de hordas, esa forma de combate violento e indisciplinado en que nada se construye y sólo se busca la eliminación idiota del adversario. El modo carrera del juego de video de la política constituiría la carrera del gobernador que tiene que asumirse como estadista y administrador del presente -dos cualidades que no es sencillo combinar- y para triunfar debe incrementar los niveles de satisfacción y desarrollo de la población sin, aquí viene el verdadero reto del juego, comprometer las finanzas públicas ni violar los derechos de ninguno de los ciudadanos (si yo lo diseñara tendría desde nivel Amsterdam -como facilito- hasta nivel Morelos -de extrema complejidad.
Pero Graco Ramírez no quiso jugar el modo carrera, de inmediato se instaló en el modo hordas que consiste solamente en acabar con los rivales a lo puro pendejo (los mismos que aparecerían en el modo carrera, pero que como hordas se ponen también más violentos e irracionales). Como en juego de video, si el gobernante (que a final de cuentas es el protagonista de la aventura), se pone en modo de hordas, el resto de los personajes del juego también lo hacen, generando entonces enfrentamientos irracionales y extraordinariamente violentos. Al no tener el gobernador otro modo de juego, los rivales responden en la misma medida pues ninguno de los personajes secundarios de una trama puede transformar el modo de juego sin convertirse en protagonista.
Así las cosas, el futuro de Morelos no parece cercano a la mejora en la medida en que cada una de las misiones aparentes del gobierno del estado se realiza justamente en el modo de hordas. La ausencia del diálogo parece ser una condena para los próximos dos años, en tanto los personajes a quienes se ha sometido al modo de hordas están sumamente dolidos y no parece que puedan transformar el modo de juego; el gobernador y sus secuaces tampoco parecen dispuestos a modificar el estilo de juego en tanto que la campaña en que Gracobernador supone siempre estar, presume la eliminación del adversario antes que la construcción de cualquier acuerdo (a la sazón, parece que es un problema común en los personajes de izquierda en el modo de juego que elijan). El reto ahora se ha trasladado a los ciudadanos de Morelos y tiene que ver con cuánto más pueden aguantar que sus políticos jueguen el modo de hordas y si son capaces de elegir, en el futuro, a alguien que apueste a una verdadera estrategia de gobierno, jugando ya en modo carrera.
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@martinellito
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