El lado obscuro de la madre

 

 

Silvia Chávez Manilla

 

Parece ser que de las relaciones más complicadas que sostenemos durante nuestra vida y que de ella se habla muy poco, es la que sostenemos con la mamá. Sí, todo parece dulzura y comprensión el 10 de mayo, sin embargo en cada hijo hay una serie de sentimientos no expresados que se consideran indignos de ser hasta pensados. El símbolo de la madre, por lo menos en México, pesa bastante, quizá por ello es que los rencores, enojos contra ella se guarden y si se expresan es bajo el manto de la  privacidad, entre familiares que presumiblemente padecieron similares circunstancias.

 

Hablar mal de la madre en público puede ser tomado bastante mal, pero lo cierto es que no todas ellas han sido el ejemplo más claro del amor, por de bajo del agua o de manera frontal han sido partícipes tanto de “triunfos” y “fracasos” de sus descendientes. Las mamás influyen tremendamente en el desarrollo de sus criaturas, su presencia o ausencia marca la vida, más que la del padre.

 

¿Entonces por qué no hablar de ello? ¿Para qué mantenerlo en secreto? ¿Pensamos que únicamente nosotros tenemos una “mala” madre? Pues no, las puede haber en cualquier familia, y de todo tipo: desde las rígidas, hasta las que no exigen nada, las que te sobreprotegen, las que te dan “todo”, las que te tuvieron para no quedarse solas, para retener al hombre; las que fueron obligadas a concebir por un abuso, etc., Todas con un costal de sentimientos que deberían de reflexionar, de otro modo pasaran sus frustraciones, enojos, tristezas, al primero que se les ponga enfrente, y qué crees, esos suelen ser los indefensos retoños.

 

Por lo que puedo observar, ahora las chicas traen una idea distinta de criar niños, aún así, esperare sentada a ver el resultado, porque están optando por irse hacia el otro extremo. De hecho, estamos viendo un avance de lo que podemos esperar con la segunda generación de madres trabajadoras, y con grados académicos más elevados. Es más, los grados académicos es lo de menos, también he visto (escuchado), casos en que la madre sólo estudió la secundaria, prepa, primaria y sus hijos sostienen una salud emocional llevadera. El asunto aquí, es que nos falta consciencia de la importancia que tiene una madre a nivel emocional, o sea lo vemos como algo implícito, natural, como algo dado y no es así.

 

Sí, todo mundo hace lo que puede, y le tocará al afectado resolverlo como pueda, quizá se pague la psicoterapia. Ahora bien, por qué dejarlo hasta ese momento, por qué dejárselo al adulto-infante, por qué no ahorrarles un poco y empezar desde antes de la concepción, tomar nuestra educación emocional en nuestras manos, antes de dar a luz y dejar de heredar respuestas, emociones dañinas; seguramente no nos libraremos de que nuestros hijos nos reprochen algo, pero hagamos algo por disminuirlo y obtengamos herramientas para no dejarlos solos. De lo contrario, a cualquier reclamo o queja de la hija/hijo a la madre, lo tomará desde el victimismo y tanto uno como la otra tiene razones para sentir lo que siente, decir lo que dice.

 

No es el adulto aclamando justicia, es la infancia dañada y maltratada. Tampoco aliento a que libren al niño de una nalgada o un grito, quizá en cierto momento son necesarios; ahí entraríamos en otro debate, lo cierto es que las llamadas de atención son valiosas porque -como sea-, los críos se sienten vistos, y además sabemos que ponerles límites es necesario.

 

Exhorto a que nos abramos a la expresión de lo que sentimos, a no sentirnos culpables por ello. No debemos seguir dejando de lado la parte obscura de la madre, como si no pasara nada, siendo que afecta el estar de la niña/o en el mundo, quien más adelante será adulto. Repito no todas las madres fueron así, pero una cosa no quita la otra, pues es subestimar los dolores que se han callado, los provocados por las humillaciones, golpes, castigos, indiferencias, sobreprotección y todas esas acciones que se cometieron en nombre del “amor” y la “educación”, con el poder del “Soy tu madre”.

 

 

Sobre Silvia Chávez Manilla 22 artículos
Licenciada en periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, posgrado en psicoterapia Gestalt Relacional por el Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt y formación en Grupos Terapéuticos por el Círculo de Estudios en Terapia Existencial.

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