Enfermedad: Más que enemiga, amiga

 

 

Psict. Silvia Chávez Manilla

La Organización Mundial de la Salud (OMS), como muchas instituciones nacionales y/o internacionales sirve a intereses particulares, no a la sociedad de a pie. En este caso, es el abogado de las farmacéuticas, a quienes les conviene económicamente atacar, controlar la enfermedad, más no prevenirla, como la medicina China, país que cuida la salud, no la enfermedad.

 

Basta con estudiar un poco sobre salud y cómo preservarla para darte cuenta de que la homeostasis física está ampliamente relacionada con la mentalidad del individuo, con sus emociones, con abordar sus sensaciones; sin embargo, la atención médica occidental está enfocada en lo rápido, reflejo de la sociedad (o viceversa), en esa que prefiere el ácido acetilsalicílico a profundizar en el motor de su malestar físico. A eso nos acostumbraron, hacia allá nos fueron orillando, con calma —aunque no tanta—, porque ¿Qué te gusta? Una, dos generaciones de diferencia de aquellas que utilizaban herbolaria, sonidos, manos, para sanar.

 

Sin bien, los adelantos tecnológicos, sobre todo, en materia de intervenciones quirúrgicas, pueden salvar vidas y extenderla, los antibióticos, por ejemplo, alteran la microbiota intestinal (Giglio, et al. 2013), además de mantener la ilusión de que el asunto está resuelto, permitiendo continuar la vida con una actitud de “ya pasó” y postergando o evitando que la persona se dé a la tarea de profundizar en su malestar, lo que conviene a quienes les genera dividendos.

 

Está claro que cada uno es libre de decidir qué hacer con su vida, cómo afrontar las situaciones que le competen, pero ¿Es real que está decidiendo por él? O ¿Más bien se le ha enseñado que la vida no debe detenerse, que hay que estar listos siempre, que no hay posibilidad de enfermarse porque es perder tiempo? Lamentablemente, estamos condicionados, la vida está girando demasiado rápido como para detenerme y perderme de ella, por lo menos esa es la impresión que tiene mucha gente. La enfermedad es mala, hay que aniquilarla a como dé lugar —dicen—.

 

Sin embargo, la enfermedad nos habla de que estamos soslayando problemas (Dethlefsen y Dahlke, 2014, p. 9) Para mí este enfoque indica que tenemos la llave en nuestras manos, que podemos, si así lo elegimos, entrar en el mundo de la sanación ¿Cómo? Pues dándote a la tarea de voltear a verte, de investigarte, de descubrirte, de utilizar La enfermedad como camino, título del libro escrito por los mencionados autores.

 

Tú salud también depende de ti, y sí ya estás con el padecimiento, escúchalo. Sé que es fácil decirlo, pareceré insensible, pero créeme, estoy contigo, puede verse como un lugar sin salida, desesperante. De igual manera, sé que rechazarla, ocasionará resistencia y vivirla así, será doblemente doloroso. Hablando de dolor, nos medicamos para dejar de sentirlo, sólo te digo que hacerlo es querer tapar el Sol con un dedo.

 

Hagamos una cosa, ingiere la medicina y también inicia un proceso terapéutico.

 

Referencias
Dethlefsen, T., y Dahlke, R. (2014). La enfermedad como camino: un método para el descubrimiento profundo de las enfermedades. Debols!llo.
Giglio, Norberto D, Burgos, Fernando, y Cavagnari, Brian M. (2013). Microbiota intestinal: sus repercusiones clínicas en el cuerpo humano. Archivos argentinos de pediatría, 111(6), 523-527 https://dx.doi.org/10.5546/aap.2013.523
Sobre Silvia Chávez Manilla 22 artículos
Licenciada en periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, posgrado en psicoterapia Gestalt Relacional por el Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt y formación en Grupos Terapéuticos por el Círculo de Estudios en Terapia Existencial.

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