La derecha intenta ejecutar un golpe blando

 

 

 

J. Rigoberto Lorence

Algunas lecciones han aprendido los grupos de derecha desde su derrota en julio de 2018 hasta este momento. Aunque han lanzado decenas de ofensivas mediáticas contra el “populismo” sin hacer mella en el prestigio de AMLO, hoy por fin han logrado posicionar ante la opinión pública varias narrativas acerca de la supuesta corrupción de José Ramón López Beltrán, hijo mayor del mandatario mexicano.

 

Como una batalla en regla, siguiendo todas las “líneas” de la gran prensa de USA para dominar la opinión pública mundial, por fin el periodista Carlos Loret de Mola ha podido posicionar ese tema en el debate político nacional. Ojo: el video-montaje de Loret no discute el proyecto de nación que enarbola AMLO, ni siquiera uno de sus programas centrales, sino los supuestos actos de corrupción de su hijo mayor, y por lo mismo genera un golpeteo contra la honestidad del presidente, dentro del razonamiento general de que “todos los políticos son lo mismo” y por tanto pueden artificialmente comparar al jefe actual de las instituciones con Peña Nieto y su cuadrilla.

 

La famosa “Casa Blanca” de Peña Nieto se ha convertido así, por obra de la prestidigitación mediática, en la “Casa Gris” de Ramón López «Velarde», según dijo una legisladora panista durante un épico lapsus linguae que exhibió su ignorancia enciclopédica durante una memorable jornada legislativa.

 

Para generar el escándalo que se ha presentado en la mayoría de los medios, lo importante fue haber encontrado un huequito, por pequeño que haya sido, para incrementar su labor de zapa contra el proyecto de AMLO en su conjunto. Es esencial, entonces, valorar lo que han publicado los medios acerca de una casa de clase media ubicada en Houston, Tex. rentada hace años por José Ramón López Beltrán y su esposa, Carolyn Adams, supuestamente de acuerdo con el dueño de la misma, quien por cierto es jefe de una compañía que en otros momentos ha obtenido contratos en Pemex para diversas obras.

 

Pero resulta que la renta se hizo indirectamente a través de brokers dedicados al negocio inmobiliario, y que la empresa no tiene ninguna relación actual con la paraestatal petrolera. Es más. la casa en cuestión solo fue ocupada durante un año escaso, de agosto de 2019 a junio de 2020, y no se puede establecer conexión directa entre el dueño de la casa y Pemex, además de que no ha habido contraprestación de ninguna especie, en forma de contratos o concesiones.

 

O sea: estamos en presencia de un reportaje que enlaza sus diversos elementos con puras suposiciones, sin soporte en documentos, carente de rigor periodístico y elaborado a base de medias verdades. Las conexiones entre los diversos hechos quedan en el aire, mientras los columnistas y “líderes de opinión” dan rienda suelta a su imaginación, elaboran conjuras y meten tanto ruido que nubla la visión de los azorados lectores.

 

Los objetivos que la derecha no ha podido conseguir por medios legítimos los ha obtenido a través de periodicazos. No han podido movilizar ningún contingente popular; no han ganado ninguna elección intermedia, es más, están saboteando la consulta popular que, de otra forma y con otro enfoque, sería una buena oportunidad para derribar en abril próximo, por medios legales, un gobierno al cual acusan de corrupto.

 

Aunque no existe evidencia alguna, los medios han logrado posicionar el tema –y la duda pública que se deriva de él– y si bien es cierto que esto no afecta al corto plazo la gobernabilidad del país, sí puede modificar la correlación de fuerzas que se viene construyendo desde 2018, la cual deberá ser ratificada en las elecciones del próximo mes de junio. Estamos en presencia de un golpe blando.

 

A esta ofensiva se han unido figuras connotadas de la derecha mexicana e internacional. Por ejemplo, el senador texano ultraderechista Ted Cruz ha llamado a defender a los periodistas “acosados” por el gobierno mexicano, mientras Santiago Creel, prominente líder del PAN, ha ofrecido sus servicios como abogado para defender a los periodistas “perseguidos”.

 

Ted Cruz recibió como respuesta un despectivo “me siento honrado con opiniones de un personaje como él” de parte del presidente mexicano en una de sus conferencias mañaneras, en tanto Santiago Creel fue duramente criticado por Jesús Lemus periodista injustamente encarcelado por Felipe Calderón— cuestionando el supuesto interés del líder blanquiazul en defender periodistas “perseguidos”. Lemus señaló que durante la gestión de Creel como secretario de Gobernación de Fox –2000-2005— fueron asesinados 12 periodistas, y nunca se preocupó por investigar a quienes los agredieron. “Mejor investigue aquellos asesinatos, y déjese de m….ajaderías”, le dijo Lemus.

 

Los comentaristas más avispados han logrado captar que si bien el perverso reportaje de Loret no ha reducido de manera sensible la popularidad de AMLO, sí se requiere un enfoque nuevo en cuanto al manejo de medios en las más altas esferas del gobierno. AMLO sabe que varios factores reales de poder –sociedad civil, fuerzas armadas, apoyo de las masasaún lo favorecen en su conjunto, necesita hacer reparaciones urgentes en la línea de flotación del navío que dirige con destino a la transformación del país.

 

Hablamos de la línea de flotación del navío oficial porque las bases políticas de la 4T se basan en el combate radical contra la corrupción. Las clases populares (obreros, campesinos, estudiantes, pensionados, jóvenes) no verán afectada su confianza mientras los beneficios de la 4T sigan fluyendo. En este sentido, el navío sigue viento en popa.

 

En cambio, la clase media volátil, los sectores intermedios de la población, son los que serán afectados por la agresiva propaganda mediática. Para el pueblo llano, para los de a pie, los reportajes de Loret y los escándalos de las televisoras les tienen sin cuidado. Lo que el gobierno y sus aliados de la 4T han podido construir durante años de esfuerzo en el seno de la sociedad, no puede ser destruido por un periodicazo ni por los fuegos artificiales que surgen de los medios.

 

El movimiento encabezado por el actual presidente ha estado usando desde 2018 al viejo aparato del estado para consolidar los logros de la 4T. Los recursos que maneja este régimen fluyen de manera regular desde sus fuentes en la Tesorería a cada uno de los beneficiarios sin pasar por manos de ningún burócrata. El viejo estado corrupto –que tanto benefició a personajes como Loret– no ha podido así contaminar los programas sociales del obradorismo.

 

Los tramposos textos de LordMontajes y otros han surtido efecto en el ámbito de la superestructura jurídico-política de la sociedad y para consumo de la misma, pero sin tocar la estructura de la base social. Por esa razón, dichos reportajes solo pueden afectar a los sectores vacilantes de la clase media, los cuales siempre han oscilado alrededor de las fuerzas en pugna por el control del rumbo político del país. La hegemonía sigue firmemente en manos de la 4T y su dirección política.

 

 

Hablamos, entonces, de un nuevo fracaso de la estrategia golpista.

 

 

Sobre Rigoberto Lorence 102 artículos
Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la UNAM. Militante de las organizaciones democráticas y revolucionarias de México desde hace unos 40 años. Ha impartido cursos de reportaje, redacción y otras áreas dentro del periodismo.

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