Las imposiciones de las minorías

 

 

Nuevas Reglas

 

 

Daniel Martínez Castellanos

Una de las más terribles verdades en las democracias contemporáneas es la imposición de las agendas e intereses de minorías activas sobre la mayoría silente. Profundamente disfuncional, la comunicación política permite y hasta alienta esta subnormalidad con la colaboración de organizaciones monotemáticas y de la lógica propia de lo que los medios de comunicación consideran noticia (el vías de considerar noticiable todo lo extraño sobrerrepresenta a las minorías invariablemente).

 

Dos temas resultan ejemplares para el párrafo anterior: las manifestaciones en contra de la Reforma Educativa en varios estados del país; la otra, los activos pronunciamientos que intercambiaron comunidades de homosexuales y de religiosos sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ninguno de los dos temas parece ser dominante en la opinión pública, aunque lo son en la agenda de los medios de comunicación. La alteración de una agenda ciudadana que, de acuerdo con las mediciones, se centra en temas de economía, empleo y seguridad (en ese orden), por la apuesta de minorías actuantes es notoria. Los temas relacionados con la libertad sexual podrían apelar al interés de alrededor del diez por ciento de la población, y una proporción bastante menor es la que se preocupa por las demandas del magisterio. No es culpa de los medios de comunicación, en este caso reducidos a agentes, a cajas de resonancia de la agenda política de grupos orientados por los temas que hacen encabezados. En todo caso, preocupa la volatilidad del ánimo de una clase política esclavizada por las demandas de las minorías actuantes, y que es incapaz (por sordera, ineficiencia, estupidez, o lo que el lector guste, de atender los grandes temas que la mayoría percibe como urgentes -situación económica, desempleo e inseguridad).

 

En la peor de las ópticas conspiracionistas, los temas de las minorías podrían ser considerados distractores de los grandes temas ciudadanos. Como uno no cree en conspiraciones gigantescas, consideramos el activismo de las minorías como un asunto de interés real, hasta demostrarse puntualmente lo contrario. La legitimidad ética o moral de los intereses puede existir o no, pero su realidad es definitiva. Y por supuesto, dada la centralidad que los temas parecen tener en las agendas de los medios de comunicación y los grupos políticamente activos, se convierten en fundamentales para las estrategias de partidos políticos: detalles de la democracia.

 

Así, el PAN apuesta a la oposición que percibe en un amplio sector de la población -silente- al matrimonio entre personas del mismo sexo; Morena, hace exactamente lo mismo, pero con la lucha de un sector minoritario del magisterio, alrededor del cinco por ciento. La apuesta de Morena consiste en el respaldo a una minoría notable por su radicalismo y sus acciones; la del PAN se fija en una mayoría que se ha mantenido silenciosa. No podríamos acusar la estrategia de ser una búsqueda del poder, en todo caso, la esencia de los partidos políticos es esa. En todo caso, lo que tendríamos que censurar es su mezquindad al tratar temas de centralidad mediática que no corresponden a la agenda de interés para la ciudadanía (evidencia de ello es la urgencia con que el discurso del magisterio radical y el de las comunidades homosexuales, tratan de hacer ver sus asuntos como cuestiones que afectan a todos). A final de cuentas, no extraña de Morena el discurso monotemático antisistema, es un partido cuya tradición y cuyos simpatizantes, no parecen admitir agendas complejas; raro en Acción Nacional, un partido mucho más tradicional que, según apuntan sus actos recientes, parece haberse sumado a la tendencia de partido de asuntos, más que de plataforma.

 

Preocupa que, con la altísima complejidad de los nuevos escenarios económicos, políticos y sociales, las respuestas se reduzcan a temas que sólo artificialmente impactan en el interés de las mayorías. Las propuestas de tratamiento a los grandes temas se mantienen ausentes de un debate que imita a los de las naciones desarrolladas, lo que estaría bien siempre que los problemas elementales estuvieran solucionados, como ocurre en las naciones desarrolladas.

 

martinellito@gmail.com / @martinellito

 

 

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