Isaías Cano Morales
EL PRI es un partido con historia; sus orígenes hablan de un partido con antecedentes revolucionarios cuyas banderas eran la democracia y la justicia social; tutelar de la soberanía y la independencia de la nación; defendía y luchaba por los recursos naturales, como el petróleo: la lección histórica del presidente Lázaro Cárdenas en el capítulo de la expropiación petrolera arrancándoselas con la ley en la mano a compañías extranjeras la registra la historia como ejemplo de patriotismo, dignidad y decoro nacional. Y precisamente, para oponerse a la tendencia, nacionalista y progresista que tuvo lugar en la era cardenista surge el Partido Acción Nacional (PAN) en 1939 cuyo fundador fue Manuel Gómez Morín. El PRI siguió gobernando, en su sexenio López Mateos concedió a los partidos pequeños espacios de participación a través de las diputaciones plurinominales; se aparentaba la práctica democrática y dar paso a la pluralidad dentro del sistema. Empero el PRI siguió siendo hegemónico y en el ejercicio de una presidencia autoritaria.
Sexenios de gobiernos priistas se sucedieron uno tras otro, cada uno caracterizándose por determinados hechos que han marcado la vida de nuestro país. Los priistas se ufanan en decir, que el progreso y desarrollo logrado es obra de la visión, voluntad y esfuerzo de los gobiernos del partido que llegó a ser único, sin embargo, esos mismos gobiernos han dejado huellas imborrables en el rostro de México, de injusticia, pobreza inaudita, desigualdad brutal, represión sangrienta, abusos monumentales, corrupción, impunidad, fraudes, desacatos a la Constitución y últimamente al actual gobierno priista se le señala como entreguista y traidor por el hecho de poner en bandeja de plata a intereses ajenos nuestra soberanía que se relaciona con permitir a empresas trasnacionales —previas reformas constitucionales— explotar la riqueza de nuestros energéticos —petróleo, gas, electricidad—. En otras palabras se revirtió el espíritu expropiatorio de nuestras riquezas petroleras cuyo autor fue el general Lázaro Cárdenas.
Si al PRI, antes Partido Nacional Revolucionario (PNR-1929-38) después Partido de la Revolución Mexicana (PRM-1938-46) lo inspiraron y guiaron principios de libertad, legalidad, justicia y democracia, éstos– con el transcurrir de un partido que paulatinamente fue penetrado por la corrupción y ambición sin límite de políticos y empresarios– se fueron enmascarando, diluyendo, perdiendo en el remolino de intereses que han hecho de ese partido un negocio, una empresa, un patrimonio manejado por una élite, no dispuesta, al parecer de serle arrebatada a costa de lo que sea.
Al PRI lo maneja una élite dirigente de primera línea con su líder nacional; sigue un abanico de cuadros de la antesala del aparato, continuando una jerarquía de mandos internos del partido. Los comités del PRI en los estados se hallan supeditados a decisiones de la dirigencia nacional. Obvio es decir, que hay cuadros militantes de ese partido en los estados con trayectoria política y fama pública, con apariencia de ser ignorados en la toma de decisiones. En Morelos se anotarían entre otros a un Samuel Palma, Rodolfo Becerril, Juan Salgado, Guillermo del Valle, Jorge Morales Barud, Jorge García Rubí, Maricela Sánchez, Amado Orihuela, Jorge Meade Ocaranza, Rosalina Mazari, Matías Nazario Morales y faltan más. Uno se imagina que todos, cuadros medios y bases del PRI saben y están conscientes de la mala fama y desprestigio que envuelve al PRI y a los priistas, y saben por supuesto las causas, empero se guardan las conjeturas, sus opiniones, pues bien saben que si externan alguna crítica o hacen alguna sugerencia, sobreviene la marginan política. Cabría preguntarse, si priistas morelenses como los anotados y otros — que se consideran militantes pensantes analíticos y observadores puntuales– han aceptado de buena gana y estarán conformes con un candidato a la presidencia que fue impuesto por intereses específicos de una élite, sin trayectoria en su partido, con tendencia conservadora, ajeno y alejado no solo de la militancia tricolor, y con escasa imagen personal para intentar arribar al máximo cargo político del país.
El PRI habla de una unidad interna que no existe; está visto que le apuesta al convencimiento borregil, a la sumisión y acatamiento incondicional, a la advertencia y amenaza incluso. De esa manera sus cuadros que piensan e intentan reflexión tienen que guardar silencio. A eso se debe que en Morelos los priistas se hacen los occisos, se guardan su opinión y si la llegaran a externar sería en apoyo de las decisiones tomadas por su élite dirigente.
El clima político ominoso que pesa sobre el PRI alcanza a todos sus militantes dejándolos huérfanos de toda autoridad política y moral y sobre todo de credibilidad, su esperanza de predominio es lo de costumbre: el engaño, la mentira, el soborno, la promesa, la compra de voluntades, el provecho de la ignorancia y la pobreza de segmentos de población. Todo ello con el uso del poder. Contradiciendo sus principios, el PRI se ha convertido en la desgracia de este país.
Chay_cano@hotmail.com
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