René Vega Giles
La comunidad indígena del pueblo de Ocotepec, municipio de Cuernavaca, reveló la destrucción de su macropolis por falta de espacio y cultura sobre la conmemoración del «Día de Muertos», ante ello reclamaron un terreno para la construcción de un nuevo panteón.
El jueves 17 de octubre en la comunidad situada al norte de la capital morelense inicia las actividades del Miquixtli, con la llegada de las personas que murieron violentamente, una tradición que viene desde la cultura prehispánica del pueblo Totonaca.
La misma sigue conservándose hasta nuestros días, a pesar del crecimiento de la población, los cambios de pensamiento de las últimas generaciones y el vandalismo juvenil que prevalece en la zona.
Para la celebración del Miquixtli los habitantes de Ocotepec reclaman la destrucción de su macropolis, que durante la década de los años cincuenta del siglo pasado sus muertos eran sepultados en pequeñas fosas, sobre las que construían casas, castillos o parroquias católica.
Esas obras de arte como fueron denominadas por los extranjeros que visitan el pueblo de Ocotepec durante el «Día de Muertos» son destruidas, para sepultar tres o cuatro cadáveres más de familiares.
El panteón de Ocotepec, afirman sus habitantes de origen, está rebasado en espacios y requieren de un camposanto, dentro del cual pretenden solamente permitir la sepultura de sus nativos, como sucede con el poblado vecino de Ahuatepec, además de ahí recuperar la vieja macropolis con sus Teocallis o «Ciudades enanas» como las llamó en 1960 la prensa italiana.

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