Una óptica distinta sobre el Horario de Verano
Por Iván Ureña
Origen
Con Ernesto Zedillo, en 1996 se hizo generalizado en todo el país el Horario de Verano, buscando una mejora en la eficiencia energética.
Se argumentó que la capacidad instalada para generar energía eléctrica estaba en su límite, de tal manera que no hacer esa modificación, implicaría soportar “cortes programados a la industria, a los servicios y a los hogares”. El Secretario de Energía, Luis Téllez dijo que no habría forma de abastecer toda la demanda en las horas pico. Adicionalmente se iría concientizando y educando a los ciudadanos de la importancia del cuidado del medio ambiente con un uso más racional de la energía eléctrica. Agregando que no era imposición, ya que se habían llevado a cabo 1,644 reuniones con representantes de diferentes grupos sociales y se encontró que 72% de la población estaba de acuerdo con la adopción de esta medida.
Se hablaba de cantidades impresionantes de ahorro, en Gigawatts/hora, en millones de toneladas de dióxido de carbono y miles de millones de pesos en el consumo de energía. Y remataba el entonces secretario, está fuera de toda lógica cuestionar por sus méritos un programa que se aplica en 75 países, muchos de ellos desarrollados, con una población superior a los 2 mil millones. Pero lo más importante, en nuestro país habría un ahorro en el recibo de luz de los hogares.
Inconformidad
En todo el país hubo oposición al Horario de Verano. Incluso en Campeche y Guanajuato se realizaron manifestaciones. En Quintana Roo al menos 250 mil mayas dijeron que no lo aceptarían. En Guerrero entró bajo protesta, la Secretaria de Educación Pública envió una carta al Congreso Estatal manifestando la posibilidad de no asumir el cambio de horario. En Aguascalientes modificaron los horarios de las oficinas públicas estatales, el intento duró una semana, fue un caos. En Baja California Sur en una encuesta de 50 mil padres el 72 por ciento la rechazó. Igualmente la encuesta nacional realizada por CEO de la UDG mostró que 73 por ciento de los entrevistados prefería que no hubiera cambios en el horario.
El Gobierno Federal amenazaba con los «graves riesgos» económicos, comerciales y energéticos que traería no hacer el cambio de horario. Se llegó a decir: si México quiere la modernidad, la medida es parte de ella.
Una frase que se hizo muy famosa en la contienda del año 2000 “Son tan rateros (los del PRI) que hasta una hora nos robaron” ante el clamor, Fox en su campaña prometió que habría una consulta para saber si la gente lo quería, misma posición de AMLO como candidato a la Jefatura de Gobierno.
Una de las tantas cosas que el guanajuatense incumplió. A grado tal que tuvo un enfrentamiento con el entonces Jefe de Gobierno del DF, quien sí realizó la consulta, encontrando que 75 por ciento de los capitalinos se manifestó contra el cambio de horario. Por su parte, el gobierno de Fox, en voz de Martha Sahagún aclaró que sus encuestas, que eran nacionales, les indicaban que la mayoría estaba de acuerdo con el Horario de Verano. Particularmente a la pregunta ¿Está usted de acuerdo en que hay razón para que se aplique el Horario de Verano, se tiene razón para aplicarlo? 59 por ciento dice que sí. Se acusó al tabasqueño de populista e incluso se llegó a decir que el Horario de Verano era como el pago de impuestos, necesario aunque la población no quiera.
El tema escaló hasta que llegó a la Suprema Corte, que proclamó que ningún gobierno tenía facultad para hacer una modificación de ese tipo, sino que corresponde al Congreso de la Unión.
Una ahorro que cae
Año |
Ahorro en GW/h |
2013 |
1.224 |
2014 |
1.123 |
2015 |
1.046 |
2016 |
975 |
2017 |
886 |
Cómo claramente se observa, con datos oficiales de la Secretaría de Energía, del año 2013 al 2017, el ahorro ha pasado de 1,224 a 886 Gigawatts hora, una caída de 338 GW/h, en cinco años se ha mermado en 28 por ciento. El ahorro de energía en 2017 fue de mil 311 millones de pesos, a un costo 1.48 pesos por Kilowatt hora para los usuarios domésticos.
Parece que cada vez el efecto del ahorro es menor, porque se está dando una compensación en la reducción en la demanda para iluminación doméstica, pero un incremento para iluminación y aire acondicionado en oficinas.
Sonora y Quintana Roo, ya se libraron
Sonora desde 1998 no cambia su horario, para no afectar su relación comercial con Arizona que tampoco lo modifica. En 2015, Quintana Roo se mudó de huso horario, una hora adelante respecto al centro del país, se creó el llamado Horario del Sureste, que además se mantiene fijo durante todo el año. Mientras que en una votación muy cerrada en el Senado se lo negaron a Sinaloa.
Nos intimidan con cifras agregadas
Nos informan de cantidades apabullantes, en el año 2017 economizamos mil 311 millones de pesos gracias al Horario de Verano, pero si consideramos la población de casi 124 millones, el dato adquiere más sentido, en promedio cada mexicano ahorramos un monto muy modesto: diez pesos con cincuenta y siete centavos al año. Por eso es que el prometido ahorro en el recibo nunca realmente se sintió, es una cantidad tan pequeña que se vio avasallada por los incrementos de las tarifas eléctricas.
Efectos del Horario de Verano
Evidentemente el cuerpo humano tiene efectos de cansancio, problemas de sueño o falta de concentración. Del mismo modo, el reloj biológico de los niños tarda varios días en ajustarse, provocando desorden del apetito, mal humor, irritabilidad, problemas de atención, están más apáticos y ansiosos, por lo que disminuye su capacidad de compresión. Igualmente en las empresas genera pérdidas en la productividad laboral.
Entonces caben dos reflexiones
Hay un estudio para USA del año 2010 que calcula algunos de los costos asociados al cambio de horario –se sufren más lesiones, incremento importante de cyberloafing, retardos y pérdidas de vuelos de avión– los valoró en 434 millones de dólares, haciendo extrapolaciones, en nuestro país registraríamos pérdidas laborales de 633 millones de pesos, 49 por ciento del ahorro en energía en el año 2017.
Otro sector donde también tiene un impacto significativo es el educativo, la capacidad de aprendizaje se ve menguada, entre la desmañada de los profesores, el mayor estrés por llegar temprano, más la somnolencia de los educandos y el ausentismo. Un estudio muestra una merma de dos por ciento en el rendimiento, si suponemos ese efecto tan solo en la semana siguiente al Horario de Verano, considerando lo que la sociedad invierte en educación y se asume como una pérdida de valor esa menor comprensión de los estudiantes, habría un daño de 827 millones de pesos, equivalente al 63 por ciento de lo que ahorramos en energía eléctrica.
En conclusión
No está claro que los ahorros logrados por menor consumo de energía superen los costos en pérdida de productividad laboral, además no se está considerando el impacto que tiene en la educación, ya que la capacidad de asimilación de los estudiantes en los días posteriores a la entrada del Horario de Verano evidentemente que disminuye y por supuesto que eso también tiene un costo para la sociedad. Adicionalmente, se generan trastornos en el sueño, la alimentación, en el estado de ánimo de una buena parte de los niños y en una proporción considerable de los adultos.
Finalmente, si vivimos en una democracia es muy válido que la población se exprese, no únicamente los mayores sino también los niños, que a la postre son los más afectados, para decidir si continuamos con esa modificación cada seis meses u optamos por tener un solo uso horario, como era antes del año 1996 y que se deje el que la población quiera. Así de claro.
En lo particular votaría porque ya no se modificará el uso horario, prefiero pagar los diez pesos con cincuenta y siete centavos que anualmente me ahorro en el recibo de luz, que padecer dolor de cabeza, cansancio, ganas de irme a dormir y alteración de mi horario natural de alimentación, síntomas que sobrellevo los días siguientes a la entrada del Horario de Verano.
Amigo lector, ¿usted qué opina?
ivanure@hotmail.com

Premio Nacional de Periodismo 2017. Premio Estatal de Periodismo Morelos 2012, empresario y maestro en Economía por el ITAM. Funcionario en Banobras, Hacienda y Secofi.
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