PROYECTO 18

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Gerardo Fernández Casanova

No me es cómodo escribir este artículo. Originalmente quise abordar el tema de la seguridad y el clamor que se opone a la pretendida Ley de Seguridad Interior que, para decirlo pronto, otorga a los militares una condición de intervención rayana en la dictadura. Desistí del tema por parecerme de urgencia comentar la noticia de la incorporación del Partido Encuentro Social (PES) a la alianza partidista con MORENA y el Partido del Trabajo (PT) bajo el membrete Juntos Haremos Historia. El PES es un partido confesional cristiano evangélico, cuyas propuestas son diametralmente opuestas a las que ha venido formulando la izquierda; es una réplica del amasiato del PRD con el PAN. No lo puedo entender.

 

Ya antes había comentado el pragmático corrimiento de López Obrador hacia el centro y hacia la derecha, incluso lo consideré válido ante la imperiosa necesidad de que las próximas elecciones sean ganadas por MORENA para, desde el gobierno, impulsar los cambios que el país reclama, especialmente en lo relativo a la abolición de la corrupción y el cambio del modelo económico. Ahora tengo que decir que, si bien pudiera justificarse un cierto pragmatismo electorero, no pudiera serlo si la plataforma electoral y las alianzas suscritas apuntan a que el referido pragmatismo se aferre como forma de gobernar. La lectura del documento denominado Proyecto 18 me lleva a reflexionar seriamente en el costo de un triunfo electoral que niega las razones por las que la alternativa AMLO ha acumulado en la historia de más de 20 años de búsqueda del cambio verdadero en México, durante los que siempre sostuvo que “no dejaría la zalea en el camino” para significar que no sacrificaría sus postulados básicos a cambio del poder.

 

De entrada el proyecto se corta las alas al comprometerse a gobernar con el mismo entramado legal existente, sin cambios constitucionales ni a la legislación secundaria. Esto es: adiós a la idea de convocar a una nueva constitución política; a dar reversa a las reformas “estructurales” impuestas por el neoliberalismo; a desmantelar el régimen de supremacía del poder de las empresas respecto del que le corresponde al estado democrático, entre otras renuncias. Así mismo en temas como el electoral que requiere de una cirugía mayor para eliminar las trampas que la actual legislación auspicia. En general, afirmo que no puede producirse el aspirado cambio de fondo con el mismo instrumental actual, sólo esperanzados en que su aplicación basada en la honradez sea suficiente para lograrlo. Así la apuesta de todo el documento se basa en hacer bien lo que en todos estos años de dominio del mercado se ha hecho mal. Tal vez esto sea lo posible, pero se aleja mucho de lo deseable.

 

Acepto que, como lo he dicho antes, la mexicana es una sociedad en extremo conservadora; en los procesos electorales celebrados desde el año 2000 a la fecha, la derecha ha recibido dos terceras partes de la votación, no sin descontar el monto de lo fraudulento. Confirmo que esta lamentable realidad es algo que atañe a la incapacidad de las fuerzas progresistas de izquierda para movilizar a la sociedad y convertirla en pueblo consciente y organizado. La capacidad de la enajenación cultural ha superado con mucho a la de toma de conciencia respecto de la realidad. Esto concederá justificación al proyecto electoral de AMLO, pero también deberá llamar la atención de la intelectualidad avanzada y, principalmente, a los movimientos sociales para revisar sus posiciones e intensificar sus trabajos de formación de ciudadanía crítica y creativa.

 

De todos modos, ante la evidencia, López Obrador es la mejor opción y habrá que poner toda la carne en el asador para que triunfe. La candidatura independiente del Concejo Indígena, que postula el anti capitalismo y la reivindicación del socialismo, no deja de ser sólo una postura testimonial, sin viabilidad para convertirse en gobierno.

 

Andrés Manuel está en condiciones de ser el próximo presidente de México. Pero habrá que estar preparados para ejercer un respaldo crítico a su gobierno, de manera de apoyarlo con la exigencia de lograr el cambio verdadero, porque en ello va el futuro de la Nación.

P. S. El gabinete anunciado por AMLO confirma todo lo aquí escrito. El magisterio ha de estar muy entusiasmado con Esteban Moctezuma como Secretario de Educación, entre otros.

 

 

gerdez777@gamil.com

 

 

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