Una “sui géneris” celebración del dos de octubre

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Estrategias

Jesús Castillo García

La verdad es que sí había curiosidad, incluso morbo, por saber qué sucedería el dos de octubre en un estado donde gobierna un ex “delegado de la Preparatoria 6 ante el Consejo Nacional de Huelga del Movimiento Popular Estudiantil de 1968” (biografía oficial www.morelos.gob.mx).

El año anterior, se entendía, estaba tan eufórico con su toma de protesta, que no tenía tiempo de recordar a sus compañeros caídos en el ataque del Ejército Mexicano a los jóvenes que se manifestaban en la Plaza de Tlatelolco. Pero ahora sí había tiempo para preparar algo, una guardia de honor, una bandera a media asta, algo que patentizara aquello de que el “dos de octubre no se olvida”.

Pero en este caso no sólo prevaleció el olvido. Fuimos testigos de cómo, alrededor de las 14 horas, cuando ya se escuchaban las consignas estudiantiles, nerviosos guaruras preparaban la partida de las camionetas Suburban color blanco sobre la calle Vicente Guerrero.

Vi pasar un escolta sobre una motocicleta entre los vehículos que avanzaban a vuelta de rueda por la calle de Guerrero, luego una “cisne” (mujer policía de tránsito a pie) que corría apresuradamente con su radio a todo volumen y luego un segundo guarura literalmente corriendo entre los coches.

De pronto, como por arte de magia los coches comenzaron a avanzar, y aunque íbamos hacia Carlos Cuauglia la agente de tránsito y el escolta de la moto nos obligaron a todos a doblar por Degollado, hacia el mercado.

Como ese no era mi destino mejor me orillé para no seguir avanzando hacia donde nada tenía que hacer.

Entonces vi pasar, “como alma que lleva el diablo”, cinco vehículos en convoy y la motocicleta ya mencionada. Ya con calma, regresé hacia el Congreso Local, a donde iba.

Después de media hora de escuchar a los diputados que infructuosamente intentaron evitar el endeudamiento por casi tres mil millones de pesos, acudí al zócalo a ver la manifestación de los estudiantes que conmemoraban la matanza del dos de octubre de 1968.

A lo lejos escuché:

“Dos de octubre no se olvida, porque no queremos que se olvide, y no queremos que se olvide porque a 45 años de esa afrenta a la juventud mexicana y a sus familias desde la soberbia intransigente del poder, queremos seguir haciendo nuestras las enseñanzas de la generación del 68”.

Imaginé que el orador era un estudiante de la UAEM. Incluso quizás el mismísimo presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM) Fermín Esquivel.

Pero no, cuál sería mi sorpresa al percatarme de que ahí, arriba del templete, estaba el doctor Alejandro Vera Jiménez, rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, que continuaba con su arenga:

“El México del 2013 está muy distante, en muchas cosas para bien, del México de 1968, pero también y hay que decirlo con todas sus letras: el México del 2013, está aún muy próximo en muchas cosas, para mal, al México de 1968. Menciono una, la desigualdad social, caldo de cultivo de la violencia estructural que nuestro país padece, que aqueja a nuestro Estado, que corroe y corrompe el tejido social de nuestras comunidades, que nos proyecta al precipicio de la descomposición social”.

Para desilusión de este columnista, la cantidad de estudiantes era mínima (no quiero dar cifras porque algo tiene la plancha del zócalo, que mientras unos ven 300, otros ven tres mil o viceversa). Es decir, que la peor matanza de la que se tenga memoria en este país, pasó prácticamente desapercibida para nuestros jóvenes.

Sí había jóvenes en el zócalo, pero estaban en las escaleras del “Zapatita”, viendo hacia los dos nuevos restaurantes que pusieron a un lado del edificio Vitaluz. Algunos patinaban, otros platicaban, totalmente ajenos a la conmemoración del dos de octubre.

Por eso digo que fue una celebración muy “sui géneris”, porque sí había estudiantes de la UAEM, pero los que más se notaban eran los trabajadores sindicalizados de la máxima casa de estudios, y los funcionarios que trabajan directamente con el rector.

No sé si Fermín pronunció algún discurso. Llegué al final de la celebración y nadie mandó copia de su discurso como sí lo hizo Alejandro Vera a través de su oficina de Comunicación Social.

“Es claro que el modelo de económico y social dominante en el último medio siglo, está conduciendo a la humanidad a un callejón sin salida; y como bien lo dice Edgar Morín, lo que está en juego es la supervivencia de la especie humana, ni más, ni menos”, dijo el Rector.

“Y está en juego la supervivencia de la especie humana porque ese modelo de economía y sociedad, deshumanizo las relaciones entre los seres humanos, las cosifico; desterró los valores, los principios y la ética y puso en el centro el tener, en lugar del ser”, agregaba. Ya para esos momentos el que esto escribe confirmaba lo que me dijo un ex colaborador del psicólogo:

“Alejandro Vera es más de izquierda que muchos que dicen serlo”.

Justo pensaba en ese comentario cuando escuché una frase que me dejó con la boca abierta:

“Hoy en esta plaza pública denunciamos la incongruencia de un gobierno que se dice de izquierda y en los hechos le da la espalda a la máxima casa de estudio del Estado”.

Con micrófono en mano y bajo la mirada atenta de sus “venados” que lo cuidan, el Rector dijo que a 45 años del 2 de octubre de 1968 la comunidad universitaria se ve impulsada a salir a las calles a decirle a la sociedad que su universidad no renunciará nunca, a su responsabilidad social, y que hoy esa responsabilidad social la motiva a defender el interés de los jóvenes de Morelos el cual está siendo afectado por el tendencioso dictamen de la Comisión Estatal e Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud que niega campos clínicos para los estudiantes de las licenciatura en nutrición.

“A decirle a la sociedad que en este gobierno hay funcionarios coludidos con intereses privados y que es precisamente esa colusión la que atenta hoy contra los jóvenes universitario y que ello no lo permitiremos”. ¿Se estará refiriendo a su antecesor en la UAEM?, pensé.

Y remataba: “Hoy a 45 años del 2 de octubre de 1968 la comunidad universitaria de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos viene a convocar a la sociedad a que se sume a su lucha en defensa de la universidad pública ante el embate de funcionarios de este gobierno que han hipotecado el interés general en aras de privilegiar los intereses privados”.

Y ya para terminar, sus peticiones concretas:

“Desde esta plaza pública los universitarios de Morelos exigimos que este gobierno sea congruente en su decir y en su hacer.

Exigimos que se respete el derecho de los estudiantes de nutrición a acceder a los campos clínicos que les corresponden.

Exigimos que los funcionarios hoy coludidos con interese privados, renuncien.

Exigimos el respeto irrestricto a la autonomía universitaria.
Exigimos que un gobierno de izquierda no manche la gloriosa memoria de lo mucho que le ha dado a México la generación del 68”.

Terminó el mini mitin y seguí mi camino, pensando cuál irá a ser la respuesta del ex perseguido político. Conociéndolo, podría tener una de dos reacciones:

Aprovecha la efervescencia estudiantil y anuncia que se dará solución a todas sus demandas para “echarse a la bolsa” a los universitarios; o le recuerda al Rector que la autonomía financiera no es absoluta.

Por lo pronto, el Rector se vio con agallas. Ya tenemos un Javier Barros Sierra para lo que se ofrezca.

 

Columna publicada el 3 de octubre del 2013 en La Unión de Morelos.

Escrito por Jesús Castillo

Jesús Castillo

Periodista con 25 años de trayectoria; Premio Estatal de periodismo 2010 y 2012. Premio Nacional de Periodismo 2013.

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Jesús Castillo

Periodista con 25 años de trayectoria; Premio Estatal de periodismo 2010 y 2012. Premio Nacional de Periodismo 2013.

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