Verschlimmbesserung: El Paso express Tlahuica

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Por Iván Ureña

Verschlimmbesserung es una palabra alemana que no tiene traducción a ninguna otra lengua, se utiliza cuando se intenta mejorar algo pero el resultado es contraproducente. Quién no recuerda la intentona de arreglar una chapa que cierra con dificultad, una gota de agua en el baño, la toma de luz que tiene un corto, un aparato que funciona parcialmente y después del “arreglo” terminan peor.

 

 

Esa expresión se aplica con precisión al resultado final del Paso Express Tlahuica en la movilidad de los habitantes de Cuernavaca y su zona conurbada.

 

 

Es innegable que esa vía era un cuello de botella, tráfico interminable, congestionamiento vial, estrés, consumo de cientos de litros de combustible, contaminación, miles de horas hombre perdidas. Así, se convirtió en un reclamo generalizado y muy justificado por parte de los morelenses, modernizar esa estratégica vialidad, para muchos la más importante del estado.

 

 

Es tan trascendente esta vialidad, que no solo había interés en su construcción en Morelos, sino en al menos seis estados más: CDMX, Estado de México, Hidalgo, Puebla, Querétaro y Guerrero.

 

Como es típico, la obra se retrasó 9 meses, se inauguró cuando no estaba terminada completamente y su costo se elevó de mil 050 millones a 2 mil 200 millones de pesos. Naturalmente agudizó los problemas viales mientras se realizaba, los automovilistas soportaban todas esas vicisitudes, con una esperanza, una vez terminada la obra la vialidad se agilizaría; sin embargo, los habitantes de Cuernavaca y su zona conurbada se llevaron una muy desagradable sorpresa:  eso no sucedió.

 

¿Por qué?

La obra tiene 10 carriles: cinco por sentido, de los cuales cuatro -de 3.5 metros de ancho cada uno- son confinados para trayectos de largo itinerario, –ejemplo los que se trasladan de CDMX a Acapulco y viceversa– y seis carriles laterales de 3.2 metros de ancho para tránsito local, aunque en unas partes al final quedó de solo 2 carriles. Tiene una longitud de 14.5 kilómetros y un aforo de más de 94 mil vehículos por día; reduciendo los tiempos de traslado entre 15 y 20 minutos, ahora pueden cruzar la ciudad de Cuernavaca en 10 minutos pero ese beneficio es únicamente para los que van de paso.

 

Situación completamente opuesta viven los moradores de Cuernavaca y su zona conurbada. Resulta que el llamado Paso Express, en la dirección CDMX-Acapulco sólo tiene un acceso, a la altura de la Paloma de la Paz y desemboca en el Polvorín, después de haber cruzado Cuernavaca; en el sentido contrario Acapulco-CDMX, igualmente no existe acceso para el tráfico de la ciudad. Claramente el objetivo de ese Paso Express es que los moradores de Cuernavaca y su zona conurbada no puedan ingresar en él.

 

Lo cual tiene varios inconvenientes, una vez que un automóvil ingresa en esa vialidad, si se presenta cualquier eventualidad, por ejemplo una ponchadura, invariablemente mientras se cambia de neumático, ese vehículo estará obstruyendo un carril, sin las condiciones mínimas de seguridad, mientras el resto de los vehículos pasan a gran velocidad en el carril adyacente, misma situación se vive si hay una descompostura eléctrica o mecánica. Todo indica que sólo es cuestión de tiempo, si no es que ya sucedió, para que haya el primer percance: que un automóvil arrolle a un ciudadano mientras éste trata de componer su vehículo.

 

Si por el contrario, se presenta un choque, el problema y congestionamiento vial será mayúsculo. Los autos que vayan dentro del Paso Express quedarán atrapados, no tendrán salida, los reversazos estarán a la orden del día, la sola llegada de las ambulancias, será un reto, si es por los carriles laterales, será lento y mientras realizan las maniobras de rescate también se colapsarán los destinados al tránsito local. Mismo problema enfrentarán las grúas, autoridades, peritos, rescatistas y personal responsable de restablecer la vialidad.

 

Cuando se presenta la ineludible necesidad de darle mantenimiento a la obra, los 14.5 kilómetros quedarán fuera de servicio. Y todo el tráfico tendrá que utilizar los carriles laterales.

 

Otros males para la región

Negocios que languidecen. La derrama económica que antes generaban los automovilistas, al cargar gasolina o adquirir artículos en tiendas de conveniencia, se esfumó.

 

El puente elevado a la altura del Polvorín que se realizó con recursos conseguidos en el sexenio pasado y estaba disponible para agilizar la vialidad para todos los automovilistas sin distingo, ahora es inaccesible para los locales.

 

Graco Ramírez afirmó que el Paso Express, al separar el tránsito de largo itinerario, del local, hace más seguro, ágil y eficiente el traslado de personas y representa una solución al conflicto vehicular que enfrentaba Cuernavaca y su zona metropolitana. Como muchas otras expresiones del gobernador, es una mentira, lo real es que lejos de mejorar la vialidad de los lugareños, la complicó. Sin duda esa obra deberá sufrir modificaciones.

 

En el colmo de la necedad, Graco dijo que no se modifica. Es un absurdo de política pública, pocos carros en el Paso Express y tráfico en exceso para Cuernavaca. Al tabasqueño no le importan los morelenses.

 

Qué hacer?

Aplicar el menos común de los sentidos: el sentido común. Poner al menos tres salidas e igual número de ingresos para el Paso Exprés en ambas direcciones. Para lograr un mejor funcionamiento y mayor seguridad, el tránsito de largo itinerario, se beneficia cuando, haya un accidente o necesidad de hacer una parada en Cuernavaca. Y el local también, podrá utilizarlo, desplazándose más rápido y al mismo tiempo descongestiona los 3 carriles laterales.

 

 

Fotos: Gabriel Islas.

 

 

ivanure@hotmail.com

Escrito por Iván Ureña

Iván Ureña

Premio Nacional de Periodismo 2017. Premio Estatal de Periodismo Morelos 2012, empresario y maestro en Economía por el ITAM. Asesor en deuda pública, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, del año 1997 al 2001.

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Iván Ureña

Premio Nacional de Periodismo 2017. Premio Estatal de Periodismo Morelos 2012, empresario y maestro en Economía por el ITAM. Asesor en deuda pública, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, del año 1997 al 2001.

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