Orlando Plá
Muchos analistas indican que un problema importante para el crecimiento de México radica en la limitada recaudación, haciendo referencia a qué el gobierno de México recauda una proporción menor del PIB, con respecto al resto de los países de la OCDE.
Efectivamente, México recaudó en 2022 16.9% con respecto al PIB, que es menos de la mitad del promedio de los países que conforman la OCDE (34%) y la reacción inmediata es, para algunos, que hay que elevar los impuestos que se cobran y para otros, que es lo que parece más razonable, incrementar la base tributaria o, en otros términos, hacer que los que no están pagando impuestos, lo hagan.
Sin embargo, esto esconde parte de la información y se soporta en supuestos que parecen no ser totalmente sólidos.
Es cierto que la carga tributaria formal cae principalmente sobre los contribuyentes cautivos que conforman la fuerza laboral dentro de la economía formal y que las grandes empresas suelen emplear sofisticados subterfugios para reducir la base tributaria y pagar un porcentaje menor al que deberían. Una simplificación del sistema tributario, que incluya la desaparición de opciones y alternativas de difícil interpretación, podría contribuir a incrementar la tasa efectiva que pagan los corporativos y a reducir los costos de cumplimiento para las empresas y de recaudación para la autoridad; pero existen otros factores menos visibles.
Revisando la proporción de la recaudación con respecto al PIB podemos percatarnos de que se calcula sobre dos supuestos: 1. Toda la recaudación la realiza el gobierno y 2. Los que se encuentran fuera de la economía formal, no pagan impuestos. Si examinamos estos supuestos, podemos percatarnos de la fragilidad de ambos.
Es conocido por todos los que verdaderamente han estudiado la economía informal que, prácticamente todos los que se desempeñan en este “sector” tienen que pagar una cuota a “alguien” que los “autoriza” a realizar sus funciones. El vendedor ambulante, el “viene viene” y otros personajes de la informalidad pagan a un líder que, a su vez, entrega una parte a las “fuerzas del orden”, siendo extensivo el esquema a todo tipo de actividad informal. En general, una proporción de estas cuotas fluyen hasta funcionarios del gobierno formal, los cuales administran dos flujos, uno que corre por la vía del SAT y llega al presupuesto, y otro que corre en paralelo hasta sus bolsillos. Por este motivo, una parte de la recaudación no se reporta como ingreso tributario.
En las últimas dos décadas ha crecido extraordinariamente una tercera corriente de recaudación, que es la que controlan los gobiernos paralelos que han ocupado el espacio perdido por los gobiernos formales. Se trata del llamado “cobro de piso” o de “protección”. Esta recaudación, de la cual aparentemente también participan algunos funcionarios de gobiernos formales, es realizada con gran eficiencia por grupos delincuenciales que aplican sanciones que van desde la destrucción del negocio hasta el asesinato de quienes no cumplen con las cuotas.
Con estos elementos es posible comprender que la población está sujeta a tres recaudadores: SAT, que actúa sobre los contribuyentes registrados, estructura de líderes y funcionarios que actúan sobre los contribuyentes no registrados, y delincuencia que actúa indistintamente sobre ambos grupos. No obstante, de todo lo que paga la población, sólo lo que transita por la vía del SAT se incorpora a las estadísticas de impuestos.
Un paso importante para elevar la recaudación es que el gobierno formal tome control de las otras dos fuentes y logre que ambos flujos de recursos ingresen al presupuesto. Esta acción, además de aumentar el ingreso tributario, generaría gran certidumbre a todos los agentes económicos que enfrentarían a una sola autoridad tributaria y dispondrían de mejor información para organizar sus planes de negocio. Con relación a las estadísticas, la centralización de todos los canales de recaudación proporcionaría una imagen más clara de la realidad del país.

Empresario y maestro en economía por El Colegio de México.
Funcionario en Hacienda, Asesor del Centro Interamericano de Administraciones Tributarias. Profesor de FLACSO, ITESM y otros.
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