J. Rigoberto Lorence
Este año se conmemora el Aniversario luctuoso 100 del asesinato del dirigente campesino más radical y honesto de la historia nacional: el 10 de abril de 1919, el líder agrario cayó abatido por descargas de soldados federales bajo el mando del coronel Jesús Guajardo, quien actuaba por órdenes del alto mando militar del gobierno carrancista.
Nacido en Anenecuilco, un poblado cercano a Cuautla el siglo anterior, Emiliano Zapata fue el único de loa grandes líderes de la revolución de 1910 que fue electo por asamblea popular en su pueblo natal para dirigir la lucha. Y esta es una de las características más notables del guerrero suriano. Su fidelidad a la causa de los campesinos sureños nunca fue puesta en duda, y en justa correspondencia los campesinos lo seguían sin dudar hacia el destino que él escogiera.
Inmediatamente después de su nombramiento, Zapata ocupó las tierras que la Haciendo de El Hospital había arrebatado a su comunidad, y su figura destacó de en el mapa de la Revolución. Poco tiempo después, lo eligieron calpuleque –una especie de comisariado ejidal– también los pueblos de Ayala y Moyotepec, de manera que su influencia ya era decisiva en la región de Cuautla cuando empezaron las hostilidades contra el ejército porfiriano.
En virtud de que Zapata apoyaba al movimiento maderista, el líder agrario se puso a las órdenes de Pablo Torres Burgos –delegado de Madero en Morelos– para que los condujera en las hostilidades. Pero durante la toma de Jojutla las tropas se lanzaron al pillaje, y Torres Burgos no supo qué hacer. Zapata tomó la situación en sus manos, fusiló a varios saqueadores e impuso el orden. A partir de ese momento, los combatientes surianos lo reconocieron como jefe político y militar. La estrella de Torres Burgos se eclipsó de inmediato.
En el curso de la campaña militar, los jefes locales de las comunidades de Morelos se vieron en la necesidad de tener un mando unificado. Se pusieron de acuerdo y en asamblea nombraron a Zapata como el primero entre iguales, comandante del Ejército Libertador del Sur. En el fondo, el ELS era una especie de liga armada de los pueblos de Morelos, con tropas locales que resguardaban el orden en cada localidad, y con un mando militar que guiaba a los contingentes en las operaciones de combate a las tropas federales.
Este ejército, de honda raíz popular, no tiene paralelo en la historia nacional. Como fuerza de resistencia, venció al ejército porfirista primero; después resistió a las tropas maderistas; más adelante, derrotó a los federales de Victoriano Huerta. Con la victoria de la Convención, ocupó la ciudad de México, y finalmente opuso resistencia hasta el final, cuando las fuerzas carrancistas recurrieron a la traición y al engaño para eliminar al legendario jefe suriano.
Todo lo que interesaba a Zapata se resumía en al rescate de las tierras de los pueblos, hasta ese momento en manos de las haciendas azucareras y su sistema de explotación, que los privaba del más elemental espacio para cultivar sus alimentos (hortalizas, maíz, verduras, etc.).
Junto con Villa, Zapata no daba mayor importancia al tema del poder político, sin comprender que allí reside lo esencial de cualquier programa de cambio social. Por eso despreciaba a los políticos (Villa los llamaba “chocolateros”) y a sus prácticas.
Por tal razón, cuando Alvaro Obregón se desprendió de Veracruz a la cabeza del ejército carrancista, los líderes militares campesinos no pudieron actuar de manera coordinada. Villa no hizo caso del consejo de Felipe Angeles, que lo instaba a “echar a los carrancistas al mar”, en referencia a lanzar las fuerzas villista, tomar el puerto y acabar con la resistencia de Carranza.
Villa perdió un tiempo muy valioso cuando se regresó a sus montañas del norte a impartir justicia, mientras Zapata solo se dedicaba a consolidar sus posiciones en Puebla, Oaxaca y Morelos. Obregón aprovechó ese lapso, tomó Puebla sin combatir y finalmente ocupó la capital del país sin encontrar resistencia. Después avanzó hacia el centro del país.
Como resultado, Obregón derrotó a Villa en las cuatro batallas del Bajío (Celaya, Trinidad, León y Aguascalientes) en 1915. Zapata continuó en la resistencia durante 4 años más, hasta que en abril de 1919 fue acribillado en una de las emboscadas más ruines de la historia nacional.
Emiliano Zapata fue la encarnación de las luchas populares, en particular de los pueblos de Morelos que poseían títulos virreinales, los cuales acreditaban su propiedad ancestral sobre las tierras, las aguas y los montes de la hermosa tierra sureña.
Aún hoy, Zapata cabalga entre nosotros…

Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la UNAM. Militante de las organizaciones democráticas y revolucionarias de México desde hace unos 40 años. Ha impartido cursos de reportaje, redacción y otras áreas dentro del periodismo.
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